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16.000 euros en el congelador
Tapian la casa de un hombre con síndrome de Diógenes en Bilbao después de haber sufrido cinco robos en los quince días que lleva vacía

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16.000 euros en el congelador
IRALA. Esther, hermana de Néstor, y Eva, presidenta de la comunidad, delante de la puerta de la vivienda tapiada. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Néstor tiene 71 años y sufre síndrome de Diógenes, una enfermedad que le empuja a acumular todo tipo de objetos en su casa de forma irracional. Natural de un pueblo de Burgos, aunque su familia se trasladó a Bilbao cuando él era un niño, Néstor está jubilado y sigue soltero. Trabajó en «transportes» para el Gobierno militar y el cuartel de Mungia. El hombre vivía solo desde que su madre murió, hace ya veinte años. A su padre le mataron durante la Guerra, cuando él tenía unos meses. De familia sólo le queda una hermana, Esther, a la que no dejaba que se «acercara» a su piso, y dos sobrinas. «Venía a mi casa a comer un vez al mes. Se ponía su traje, pero últimamente estaba sucio. Yo le preguntaba: ¿es que no tienes agua en casa?», explicaba ayer Esther, cuando acudió a la vivienda de su hermano, un primer piso de la avenida de Bergara, en el barrio bilbaíno de Irala, para cambiar la puerta.

El hombre, con aspecto de anciano, «desatendido y desnutrido», según los vecinos, había llegado a una situación insostenible. Pese al dinero que almacenaba, nunca pagaba la comunidad hasta que había una denuncia judicial, y rehuía el trato con el vecindario. «Es tímido, enfermizo y no se expresa. Si me hubiera dicho lo que le pasaba, yo lo habría denunciado a la Policía y a quien hiciera falta», se dolía ayer Esther, su único familiar directo vivo.

Un robo en su vivienda el pasado 5 de febrero destapó el verdadero drama de Néstor. Unos vecinos escucharon ruidos procedentes del primero y vieron cómo salían corriendo dos jóvenes y que la cerradura había sido reventada, así que llamaron a la Policía Municipal de Bilbao. Los agentes tocaron al timbre, pero Néstor no respondía. Una unidad de los Bomberos abrió la puerta con una maza y un hacha. Al entrar, los policías encontraron una escena brutal: «Un señor de avanzada edad, vestido con unos pantalones defecados y orinados y una prenda superior ajada y sucia, con aspecto macilento aunque bien afeitado», señala el informe policial remitido al Juzgado de Guardia.

La vivienda, de apenas 30 metros cuadrados estaba anegada de porquería y, según los vecinos, «llena de bichos», cucarachas, entre otros. «Es un foco de infección», denuncian. Los bomberos advirtieron de que, dada la estructura de madera del viejo edificio, existía un «riesgo alto de incendio». Los cacos tiraron una colilla encendida en la huida.

Dos asistentas del servicio social de Urgencia decidieron que el morador debía ser trasladado a un lugar donde estuviera asistido. El hombre, que repetía: «El dinero, el dinero», recogió 15.670 euros en billetes de 20, 50 y hasta 500, que tenía guardados «entre la carne en el congelador, en diversos envases de leche, productos de limpieza y en otros lugares imprevisibles», indica el informe de la guardia urbana facilitado por los vecinos.

Limpieza y desinfección

Tres días después, volvió a entrar en la casa un grupo de ladrones. Los vecinos creen que la noticia se extendió entre los maleantes. El fin de semana del 9 y 10 de enero, de nuevo forzaron la entrada al piso. Los Bomberos han tenido que cerrar la puerta de roble hasta tres veces y la Ertzaintza y Policía Municipal han acudido en cinco ocasiones, la última de ellas ayer a primera hora de la tarde. Varios jóvenes se colaron en el interior y se dieron a la fuga al ser descubiertos por unos residentes. La Ertzaintza identificó poco después a tres menores como sospechosos del intento de robo.

«Llevamos así quince días, ya veo un chico merodeando en la calle y sospecho. No soy capaz de venir sola a casa ningún día, tengo miedo», reconoce Eva Mera, presidenta de la comunidad. «Lo hacen a las cuatro de la tarde, con total descaro, sin pudor», protesta. La puerta del primero quedó ayer tapiada con tablones de madera. Los vecinos, que han denunciado el caso ante las áreas de Protección Civil, Seguridad Ciudadana y Sanidad del Ayuntamiento de Bilbao, esperan que se haga una limpieza y desinfección de la vivienda, aunque les han advertido de que el proceso puede «tardar de cuatro a seis meses». «¿Quién aguanta esos olores, cucarachas y ratas, y el riesgo de incendio tanto tiempo!», protesta la joven. Harta, ha decidido poner en venta su piso recién reformado, la semana que viene.

De momento, los Bomberos han cortado la electricidad en el piso para evitar riesgos, pero en el frigorífico había alimentos, «que estarán en proceso de putrefacción», teme Eva.
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