Se me ha ocurrido este comentario al leer un reportaje sobre el progreso humano desde la edad de piedra a la edad atómica, cuyo autor se asombraba de la perfección con que los hombres prehistóricos tallaban los pedruscos sin más herramientas que la piedra, cosa que no es capaz de hacer ningún hombre de la era atómica.
Yo he ofrecido ya mi opinión sobre el atractivo de elegir la mayor hazaña del ser humano desde su aparición en la Tierra y creo que la mayor hazaña es sin duda la de la supervivencia. Sobre todo desde que pude ver en una magnífica exposición que montó 'La Caixa' dedicada a reproducir a tamaño natural, la vida del 'Homo erectus' o del 'Homo sapiens', o como se llame aquel primer ejemplar de habitante terrícola.
Veía yo a mis antepasados sin más armas que un improvisado garrote, sin más abrigo que una cueva y unas cuantas pieles envolviendo su cuerpo, teniendo que cazar el sustento a estacazos y comiéndose la carne cruda hasta que apareció el fuego. Les veía en aquellas reproducciones fidedignas, comparaba su vida con la mía y los adjetivos de increíble o asombroso, se me quedaban raquíticos.
Y aquellos hombres, aquellas mujeres, aquellas familias, en aquellas duras condiciones de vida teniendo que inventar todo -incluido el arte de caminar sobre dos pies para poder disponer de sus manos- fueron capaces de sobrevivir como lo prueba el hecho de que esté yo hoy aquí, cómodamente sentado escribiendo este artículo en un ordenador.
Ante esa hazaña, creo que todos los demás triunfos del progreso humano, incluido el viaje de Colón o la conquista de la Luna, no digo que sean minucias, pero andan cerca de serlo, dicho sea todo ello como una opinión subjetiva tan respetable como discutible.





