En Kallahden Peruskoulu trabajan dos enfermeras, un psicólogo y un trabajador social. Se reúnen los miércoles con los portavoces de la comisión de alumnos y los estudiantes que actúan de mediadores en conflictos. En esas reuniones se tratan los problemas de convivencia. «Si un alumno comete una acción grave, se le hace una amonestación por escrito o se le manda a hablar con el rector -así se llaman los directores-», dice el subdirector, Kimo Paavola.
Tres amonestaciones y el escolar puede ser enviado a casa unos días. Hace años que no ocurre en el centro. «Ahora está de moda jugar a las cartas, hay grupos de chicos jugando por todas partes durante los descansos. Descubrimos que algunos apostaban dinero. Tuvimos que atajarlo rápido», confiesa divertido Kimo.






