
«Si detectan algún problema acuden semanalmente a ese centro educativo para poner en marcha programas de refuerzo lingüístico», señalan desde la Dirección de Educación. Estos especialistas vigilan principalmente a los más pequeños, a los niños de entre 7 y 9 años. También hacen un especial seguimiento de los escolares inmigrantes.
Son los únicos inspectores que mantiene el sistema escolar finlandés. Hace décadas que el Ministerio de Educación suprimió las inspecciones a las escuelas destinadas a comprobar que se cumplían los programas escolares o la normativa vigente. «Sólo marcamos las metas a alcanzar. Los centros tienen autonomía para organizarse», subrayan una y otra vez los responsables educativos.
Frente al colegio Kallahden Peruskoulu de Helsinki aparca el autobús-biblioteca que recorre, al igual que los inspectores, todas las escuelas de la ciudad para fomentar la lectura entre los alumnos. Entre el grupo de niñas que se sube al autobús hay varias somalíes -son musulmanas y no quieren salir en fotos, lo contrario que a los niños finlandeses, que les encanta posar-. Las pequeñas invierten todo el tiempo del recreo en escoger los libros que van a llevarse a su casa para leer. Disfrutan rebuscando entre las estanterías. A su vuelta al centro tenían una actividad especial: era la semana del periódico.






