Un total de 238 discapacitados continúan ingresados fuera de Vizcaya. Son «tres menos que el año pasado y 22 menos que hace dos años», explica Pedro Fernández de Larrinoa, director general de Inserción Social y Personas Mayores. El proceso de acercamiento es lento, muchos de ellos están integrados en sus centros y no quieren volver. La distancia se recorta porque «la mitad están en poblaciones limítrofes».
En estos momentos hay tres residencias en construcción que suman 90 plazas en Orduña, Mungia y Galdames. Esta última será la primera destinada a personas con enfermedad mental. Los centros de día, ocupacionales y de empleo completan una red de servicios que está obligada a crecer. Ya hay un proyecto de entre 20 y 40 apartamentos tutelados para discapacitados físicos en Txurdinaga. Y la actividad del Instituto Tutelar, que representa a las personas incapacitadas que se encuentran en situación desamparo, no deja de crecer. Ya acumula más de 600 expedientes.





