
Así lo demuestra el descenso del 16,42% en el número de automovilistas que dio positivo en las pruebas de alcoholemia, pese a que la Guardia Urbana realizó un 2% más de controles a pie de calle. Es decir, se realizaron 7.909, casi cien más que los practicados en 2006. De ellos, 7.625 fueron negativos. Los agentes sancionaron a 280 personas, mientras cuatro se negaron a soplar por el etilómetro.
Las razones de este descenso son claras. Por una parte, muchos vitorianos han decidido ya dejar el coche en el garaje cuando salen de su casa, sobre todos los fines de semana. Los que no lo hacen, además, procuran evitar el consumo de alcohol, aunque sea en pequeñas cantidades, si luego tienen intención de conducir. «Las campañas de sensibilización que se realizan parece que empiezan a surtir efecto», asegura un portavoz autorizado de la Policía Local. Aunque el carácter punitivo de la ley también surte efecto. «Es lógico que el carné por puntos haya jugado un papel importante. La gente tiene ahora más miedo», explica.
Al margen de las consideradas preventivas, los agentes tuvieron que realizar pruebas de alcoholemia ocasionales por accidentes -984- o por infracciones de los automovilistas -287-. Todo ello elevó hasta 9.180 el número de controles practicados en Vitoria a lo largo del año pasado.
El perfil de los sancionados corresponde al de un joven varón entre 18 y 30 años, y que no ha ingerido gran cantidad de alcohol. «Éstos son los más peligrosos. Creen que pueden conducir sin problemas y provocan situaciones de riesgo. Van por encima de sus posibilidades y pueden ocasionar accidentes sin ser conscientes de ello. Son un peligro», relata el portavoz policial.
Dos cervezas o una copa
Cuando son sometidos a las pruebas, suelen arrojar tasas entre 0,26 miligramos de alcohol por litro de aire espirado -uno más que el máximo autorizado- y 0,60 miligramos. «Aunque depende de cada uno, por lo general se da positivo cuando se toman dos cervezas, una copa de cognac o dos de vino. Y todavía hay quien piensa que con más alcohol en el cuerpo se puede conducir», lamenta.
Todas estas infracciones son consideradas como muy graves y llevan implícita una sanción y la retirada del carné de conducir. Cuando se sobrepasan los 0,60 miligramos por litro expirado -a partir de ahí se considera que una persona está ebria-, la Policía Local debe imputar un delito contra la seguridad vial, como tipifica el Código Penal. En este caso, el juez también suele obligar a los sancionados a realizar trabajos a favor de la comunidad.
Pese al descenso de 'positivos', los agentes también deben lidiar con casos complicados. Por ejemplo, el de un chófer de autobús que conducía ebrio y que llevaba a unos jóvenes de excursión, o el de un automovilista en apariencia apto para pilotar, pero que dio en el alcoholímetro 3 gramos por litro de aire espirado. «Yo, con esa cantidad de alcohol en el cuerpo, estaría al borde del coma etílico», reconoce el portavoz. El individuo alegó que llevaba «varias cervezas encima».









