
LOS DATOS
-¿De dónde nace la idea que dio origen al 'Misterio del Cristo de los Gascones'?
-Soy segoviana y en mi ciudad tenemos el Cristo de los Gascones, una figura románica que se puede ver en la iglesia de San Justo, y que recorre la ciudad en las procesiones todos los años. Siempre me interesó esta figura. Todos nos preguntábamos para qué sirvió, ya que es un auténtico títere del románico, y fue tallado específicamente para una ceremonia litúrgica. Desde que empecé a hacer teatro, ha sido para mí una cuenta pendiente, el pensar qué se podía hacer con esta imagen como inspiración. El año pasado nos llamaron de la junta de cofradías de Semana Santa de Segovia, que querían un programa de actos especial, y nos invitaban a preparar una especie de auto de pasión que estuviera relacionado con la ciudad. Esa fue la oportunidad que nos llevó a poner en marcha el proyecto.
-La obra mezcla el ceremonial religioso con el teatro. ¿Cómo se estructura?
-Es un viaje a los orígenes del teatro, a ese momento donde se pasa de los dramas litúrgicos al teatro más primitivo. Eso sucedió en España en torno al siglo XV. Tiene mucho de ceremonia litúrgica, es como un oficio de tinieblas, en el que después de que se apaga una vela, hay una angustia de la Virgen y una regresión a la vida de Cristo. En este ámbito donde lo mítico y lo teatral se funden, a veces la frontera se difumina y es difícil para el espectador saber cuándo acaba una cosa y comienza la otra.
-En la obra la Virgen cuenta partes de la vida de Jesús. ¿Cómo lo hace?
-La dramaturgia se apoya en los 'Planctus Mariae', las lamentaciones de la Virgen al pie de la cruz, que fue todo un género literario en el siglo XV. Yo tenía claro que ibamos a hablar de la figura de Cristo, pero no desde la beatería, que es una cosa que a mí me horripila, sino desde la trascendencia real.
Diferentes sensibilidades
-¿Temía dañar alguna sensibilidad con este tipo de temática?
-No. Yo creo que somos una generación privilegiada para poder abordar el tema de la religión desde el teatro. Somos la primera generación en años que no hemos vivido muy presionados a nivel religioso. Por ello, lo podemos ver de manera objetiva, como un referente en lo que se basa nuestra cultura, y mirarlo con suficiente distancia. Se trata todo desde un agnosticismo declarado, pero también desde el rigor y desde el respeto más absoluto a todo tipo de creencias. No creo que ofenda a nadie, y no hemos tenido ninguna crítica de este tipo. De hecho, el espectáculo se estrenó en la propia iglesia donde se guarda la talla del Cristo. Gusta tanto a gente muy creyente como a ateos. Es muy curioso ver cómo tanto unos como otros se emocionan muchísimo en cada función. Es muy divertido ver las reacciones de cada tipo de público. El cristiano lo vive más como si fuera un ceremonial litúrgico, como algo que conoce perfectamente. Para los niños, por su parte, puede ser algo didáctico, porque aprenden partes de la vida de Cristo.





