Me ha ocurrido con el lector que está empeñado en que el cero no es un número y que el señor administrador general de la Lotería se equivoca de medio a medio al meter en el bombo una bolita con el 0-0-0-0-0. Y algo parecido me ocurre con otro lector que para explicarme su punto de vista sobre el tema de la Consagración en la misa, que el llama Transubstanciación, me escribió tres folios llenos de datos y que yo califiqué de divagaciones.
En la correspondencia de esta semana he recibido otra carta de este lector en la que sigue asegurando que sus tres folios no eran divagaciones, ya que solo pretendía aclarar algo de lo que al parecer yo no estaba seguro. Bueno, pues retiro lo de las divagaciones, pero siento decirle que me perdí en aquel bosque de razonamientos y si lo que quería era aclararme algo, creo que con poco más de una cuartilla hubiese sido suficiente.
Y continuando con la correspondencia, leo la carta del amigo José Luis B.Z. que me escribe sobre el pintoresco léxico de los informadores deportivos y me incluye un recorte de nuestro periódico en el que se habla de la presentación de un jugador del Athletic que vestía la «zamarra» rojiblanca.
Supongo que este lapsus se debe a la afición de los informadores por buscar vocablos originales y llamativos, porque no puedo imaginar a un futbolista que sea capaz de jugar un partido de fútbol vestido con una chaqueta de abrigo hecha con piel de carnero y con toda su lana. Tiene que ser todo un espectáculo.
Y termino con la carta de otro simpático lector llamado Pedro M.R que me cuenta lo de aquella herencia de 17 camellos a repartir entre tres hermanos, dándole al primero la mitad, al segundo la tercera parte y al tercero la novena parte. Es un conocido problema de aritmética recreativa que resolvió el juez poniendo uno de sus camellos, haciendo el reparto exacto y quedándose al final con su camello sobrante.
Y con esto cierro por hoy la escribanía.





