Diez de los medios españoles que habían viajado a Los Ángeles fueron excluidos de su conferencia de prensa en el Hotel Four Seasons, sin que se sepa por qué se dibujó esa línea divisoria días antes. En la puerta quedaron como centinelas los representantes de medios públicos y privados como la Agencia EFE, Vocento, TV3 o 'El Público'. Inflexibles, los representantes del actor cerraron las cortinas cuando notaron que los de fuera les arrebataban un vistazo, y prohibieron a los de dentro que les pasaran las grabadoras.
Bardem, que desde hace tiempo trata con resentimiento a los medios españoles, como si no supiera distinguirlos de los paparazzis, tiró la piedra y escondió la mano. Confrontado ante la despótica actitud , se refugió en el muro de representantes que le acompañan como nueva superestrella de Hollywood. «Tenéis que pensar que soy una marioneta: Me cogen, me llevan, voy pidiendo cigarros, cosas de beber...», se excusó. Pero no movió un dedo para que dejaran entrar a los discriminados, pese a haber sitio de sobra.
En contraste, Alberto Iglesias, humilde y modesto, agotó las preguntas y pidió disculpas «por no haberos podido recibir en un sitio más confortable, más grande y con bebidas a tocho y mocho».







