Con la capacidad intelectual bajo mínimos presenciamos el set de American Music Club, cuarteto de San Francisco que se arrancó con más furia de la que barruntábamos pero que a la mitad encalló en la esperable melancolía del country alternativo que ha dado fama a su líder, el depresivo y barbudo Mark Eitzel. Al inicio, los californianos exhibieron una abrasión parangonable con los supurantes Hüsker Dü, o sea que Eitzel pareció desquitarse de sus demonios. El fuste clásico del rock resonó algo a Neil Young y bastante a REM antes de convertirse en estrellas, pero la cosa se debilitó, menguó, se ahogó en el marasmo y se remató con un bis a lo Buffalo Tom que sobraba.





