El introito funcionó bien, con ella sola ante el peligro, presentando uno a uno a los músicos según iban ocupando sus instrumentos. Al final, contó con siete escuderos, no con seis como nos informó en entrevista tras comprobarlo en unos papeles (La Artista desconocía los componentes de su grupo, oigan, no sé si lo captan). Entre ellos figuró el saxofonista bilbaíno Santi Ibarretxe, que soltó la primera y casi única gracia de la velada al preguntar al pianista si se acordaba de la canción 'Derroche', la que abrió fuego, con Anita bailando sola y llenando con su presencia y tablas el espacio.
Ana Belén cantó 25 temas en dos horas y cinco minutos lineales. Los dos siguientes fueron de su nuevo trovador apadrinado, Felipe Palomo, que usa demasiadas sílabas y peca de pedante en 'Otro nuevo planeta', con H2O y tal. Las otras dos las firmó Sabina: nostálgica a lo Ismael Serrano 'Peces de ciudad', swing tópico 'Sálvese quien pueda', con Ana sin dominar la ergonomía de un taburete.
Chicas malas
Un rock para la estatua del Diablo en el Retiro lo enlazó con otras dos piezas movidas, en plan Luz Casal, y así completó lo que ella llama «el bloque de las chicas malas». Y justo aquí se agotó la capacidad de sorpresa y la cita se estiró con relativa monotonía y la cantante repitiendo sus dos registros: susurrante y suavito o agudo y chillón.
Se dilató la cosa con canción italiana ('Rayo de sol'), éxitos ('El hombre del piano' presentado con la frase de Churchill de 'sangre, sudor y lágrimas'; brasileña '¿Qué será?'; emotiva 'Lía', de lo mejor del día), demasiadas baladas con ínfulas de Barbra Streisand ('Ahora'), un rapto de pérdida de glamour (tratándonos de tú pidió seguir con los aplausos para beber agua y se refirió a que con tanto tacón no podía andar) y dos bises ('Solo le pido a Dios', el mejor). Ah, evitó la propaganda electoral.





