
La aparición de las primeras termitas se produjo hace alrededor de un año en dos de los chalés de la urbanización, que data de 1926. «La mayoría se localizan en los bajos y en los txokos, donde hay más humedad. Además, al ser casas antiguas, están construidas con mucha madera, lo que favorece que se asienten», señaló una portavoz vecinal. Ante esta situación, la cooperativa realizó un turno de llamadas a nivel particular a diferentes empresas del sector para conocer el alcance global de los daños. Los vecinos optaron, sin embargo, por pedir una segunda opinión y, antes de verano, solicitaron la ayuda del área de Urbanismo. En agosto, técnicos municipales realizaron una inspección 'in situ' de las casas. Tras esta toma de contacto, el Ayuntamiento ha optado por contratar a una empresa para que lleve a cabo un análisis «más exhaustivo de la situación, que permita determinar cuál es el tratamiento adecuado», confirmó la concejala Julia Madrazo.
El mejor tratamiento
Pese a que cada caso es diferente, Madrazo reconoció que, por ahora, la solución «más efectiva» para acabar con este tipo de plaga es la que se ha aplicado en el barrio de Irala, donde los xilófagos amenazaban con devorar por completo 79 edificios, la mayoría con protección histórica, por lo que no descartó que la Unión Begoñesa deba seguir el mismo proceso.
Por otro lado, la concejala de Urbanismo se refirió a la colonia de termitas que afecta a varios locales comerciales de la calle Bidebarrieta. Madrazo señaló que es la comunidad de propietarios la responsable del mantenimiento del edificio y recordó que «el Ayuntamiento no puede hacerse cargo de cada inmueble privado. Se actúa en casos especiales, como los que afectan a gran parte de un barrio».





