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Zabalgarbi alcanza su capacidad máxima de tratamiento a falta de la segunda línea

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Zabalgarbi alcanza su capacidad máxima de tratamiento a falta de la segunda línea
EN EL FOSO. El 'pulpo' recoge montones de residuos para introducirlos en el horno. / EL CORREO
La planta de Zabalgarbi incineró el año pasado 242.000 toneladas de basura, lo que supone que ha alcanzado su capacidad máxima de tratamiento a falta de la construcción de la segunda línea, destinada fundamentalmente a los residuos de Bilbao y cuya tramitación continúa en la fase inicial. La producción de energía eléctrica a partir de la combustión de los desechos ha aumentado un 60% tras la sustitución de la turbina de vapor en la que se detectó una avería a finales de 2005.

La máquina, valorada en doce millones de euros, estaba en garantía, por lo que la promotora decidió desmontarla y reemplazarla por otra. En 2007, con la nueva turbina en funcionamiento, la planta generó 586,6 millones de kWh, lo que equivale al consumo doméstico y comercial de unas 300.000 personas. La máquina está aún «en periodo de rodaje» y se espera seguir aumentando la producción de electricidad hasta 760 millones de KWh.

Lo que no admite más incrementos es la cantidad de basura que entra en el horno. «Se ha alcanzado el tope», explican responsables de la promotora. La 'montaña' de desperdicios ha ido creciendo desde 2005, primer ejercicio complejo de actividad de Zabalgarbi. Entonces se quemaron 177.000 toneladas de residuos domésticos, en 2006 se contabilizaron 219.000 y el año pasado, 242.000. A un ritmo de 720 al día, con una parada de mantenimiento de tres semanas en junio.

Control de radiactividad

El 20% en peso de los residuos, unas 46.000 toneladas en 2007, queda en forma de escorias, sobre todo de vidrio y cerámica, que se trasladan a vertederos a la espera de recibir la autorización del Gobierno vasco para utilizarlas como relleno en obras públicas. Las chatarras se envían a empresas metalúrgicas para su reciclaje y las cenizas se almacenan en un silo para que las traten gestores autorizados.

A la entrada del recinto, los camiones pasan por un arco de detección de materiales radiactivos. Cuando se localiza algún resto de estas características, se deposita en un contenedor hasta que la radiactividad desaparece. El más habitual es el Iodo 131, que aparece en gasas y vendas que utilizan enfermos de cáncer de tiroides aunque en bajas dosis «que no afectan a la salud de los trabajadores».

El plan foral de residuos, que prohibirá el vertido de desechos que no hayan recibido un tratamiento previo para 2016, contempla la ampliación de Zabalgarbi. De momento, se están recogiendo datos para elaborar los informes y aún no se han solicitado las licencias para la construcción de la segunda línea, que será gemela a la actual. Pese al acuerdo político con Ezker Batua en el Ayuntamiento, la Diputación da por hecho que las basuras de Bilbao acabarán en estas instalaciones, que también recibirán los residuos de comercios y empresas y las fracciones de rechazo de las plantas de reciclaje.
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