
LA HISTORIA
«No ha podido ser. No éramos dueños absolutos del negocio y hemos tenido que dejarlo forzados por las circunstancias. De momento, vamos a descansar y ya pensaremos qué camino tomamos», añadía, con tristeza, José Antonio.
Esta pareja de restauradores sintetiza muy bien el «alma» de la cocina alavesa, mestiza en tradiciones y en busca de una identidad propia. Inma, guipuzcoana de Mondragón, siguió la estela de sus padres, Jacinto Zabala y Milagros Elorza, que desde 1962 abrieron el emblemático local de la calle Mateo Moraza. Se especializaron en cazuelitas y platos ligados a la matanza del cerdo, cuando el buzo azul reinaba de día y Vitoria era una fiesta de noche gracias al poteo. «Elaborábamos dos tipos de chorizos, a la riojana, y a la guipuzcoana», cuenta José Antonio Palacios, natural de Elciego, que con su simpatía y sus famosos chistes aportaba el complemento perfecto a la constancia, el esfuerzo y la vocación de Inma.
«Con los años, hemos hecho una gran clientela a la que estamos muy agradecidos porque nos ha demostrado un gran cariño. Muchos son foráneos y tienen nuestro restaurante como de visita obligada cuando vienen a Vitoria», aseguró a EL CORREO Inma.
Covacha de Olaguíbel
El local, para 85 comensales y atendido por seis personas, tiene dos plantas de unos 150 metros cuadrados cada una, aunque la primera se dedica a uso particular, con una puerta a la mismísima balconada de San Miguel. Además tiene en su fondo una de las covachas ideadas por Olaguíbel, que hacen de gigantesca bóveda para sostener la plaza del Machete, una originalidad arquitectónica de un valor excepcional.
Los compradores del negocio, conocidos empresarios vitorianos de la hostelería, quieren conservar, una vez realizada la reforma, la esencia del estilo de menú tradicional del Zabala, incluso pretenden mantener el nombre, y a-provechar algunos de sus espacios singulares como zona de tapeo.









