
LA SECUENCIA
El suceso se produjo el sábado cuando, pasadas las cuatro de la tarde, tuvo lugar el primer ataque a una oveja que estaba pariendo. «Nos extrañó, porque parece que el animal estaba teniendo un parto normal», explica el guarda de la zona, Mikel López de la Calle. Por lo general, cuando los buitres arremeten contra ganado vivo las víctimas son ejemplares «dañados, viejos, o que tienen malos partos», y ése no parecía ser el caso en Egino.
Al lugar acudió también personal de Protección Civil de la zona, que expresó asimismo su extrañeza. «En mi vida había visto nada semejante», recuerda su coordinador, Kepa Gordo. «Cuando llegamos ni se asustaban, hasta parecía que nos iban a atacar».
Los guardas forales se llevaron los cadáveres -la oveja y los dos corderos que estaban naciendo- y dejaron tras de sí una nube de más de medio centenar de buitres merodeando sobre sus cabezas. Azuzados por el hambre, una hora después se abalanzaron sobre otro rebaño que pastaba a unos trescientos metros del primero. Aunque muchos de los animales lograron refugiarse en el monte, los carroñeros volvieron a cebarse en otra oveja parturienta y «se comieron al cordero», aseguraba ayer el pastor, José Luis Pérez de Albéniz. «La cosa se está poniendo bastante mal», lamenta. «Llevamos un par de años en los que, al bicho que no se puede defender, se lo ventilan».
De hecho, Pérez de Albéniz asegura que «cada año me matan cuatro o cinco ovejas». Las yeguas no sufren tanto la voracidad carroñera porque «paren de noche. Pero si pillan a alguna de día, también van a por ella». Para estos casos la Diputación ofrece ayudas con el fin de resarcir a los ganaderos por los daños. Sin embargo, muchos de ellos, como este pastor de Egino, «ni nos molestamos en pedirlas: haciendo papeleos se pierde un tiempo que vale más de lo que te van a pagar».
«Porcentaje ínfimo»
A lo largo del último año, la Diputación recibió 43 denuncias por ataques de buitres a ganado vivo, de las que sólo 23 fueron aceptadas. «En el resto de los casos se comprobó que el animal, o ya estaba muerto cuando llegaron las aves, o le habían matado otras especies, por lo general, cánidos», explica Joseba Carrera, técnico del servicio de Medio Ambiente y Biodiversidad.
Con esos datos en la mano, la institución foral quita hierro al problema. «En Álava hay 40.000 cabezas de ganado vacuno», que concentra más de la mitad de las denuncias por ataques, «y 62.000 de ovino». Al final, los 23 casos comprobados suponen «un porcentaje ínfimo» sobre la cabaña ganadera total. Además, Carrera mantiene que este tipo de ataques «siempre se han dado y sólo ocurren cuando el animal atacado está moribundo».









