-Pues sí. O del tráfico de Vitoria. Eso también me da la risa.
-¿Ha ganado con el cambio?
-Hombre, yo aquí vivo como una reina. Lo que pasa es que Vitoria tiene las ventajas, y también los inconvenientes, de una ciudad pequeña. La gente se sorprende, pero a mí no me gusta nada encontrarme a muchos conocidos por la calle.
-¿Nos ve tan pacatos como algunos dicen?
- (Largo silencio). Jo, es que... Me da miedo contestar a eso. Sí que detecto en los vitorianos un cierto complejillo respecto al resto de los vascos.
-Su jefe, que es bilbaíno, observa aquí una «autocomplacencia paralizante». ¿Está de acuerdo con el diagnóstico?
-Igual la gente en Bilbao es más abierta y arriesgada.
-¿Entiende la paralización de grandes proyectos por discusiones políticas estériles?
-Pues no. Pero bueno, es como se vive la política en Euskadi, que es como muy intenso todo.
-¿Especialmente en Vitoria?
-Ya, pero es que ¿quién gobierna en Bilbao? Allí son todos del mismo bando.
-Por ejemplo, el auditorio, que está de actualidad ahora y hace tres años. ¿Le gustaba el emplazamiento en La Senda?
-Sí, tal vez esa ubicación era más atractiva que la de ahora. Un edificio como ése y para ese uso parece más lógico en el centro.
-Hay voces que se han alzado contra ese plan 'reducido', donde no cabrán la ópera representada ni los grandes montajes de ballet.
-A mí me parece una pena. Ya que se hace, debería levantarse una infraestructura que pueda atender todas las necesidades que generan la música y las artes escénicas.
-¿Cuál es la temperatura cultural de Vitoria?
-Alta. Me parece que hay muchísima oferta. Y buena.
-¿Y demanda?
-En general, el nivel de participación está bien.
-Haga un puzzle con dos realidades tan distintas como Madrid y Vitoria en el que salga lo mejor y peor de cada una.
-Lo mejor de Vitoria, su famosa calidad de vida. Es verdad. Lo que a mí no me gusta, que hay muy poca diversidad de gente. Es todo muy parecido, demasiado homogéneo. Se reduce a dos tipologías: calle Dato y Casco Viejo. Entre medias habrá gente normal y corriente, como tú y como yo, pero aparentemente no aportamos nada. Una ciudad grande tiene mucho más color en ese sentido y más oferta cultural. En Madrid o Barcelona tienes un abanico de gente muy diverso. ¿Y lo peor de Madrid? Es más cara, tiene menos calidad de vida y, sobre todo, es incómoda.









