Luego salieron los donostiarras Supertrooper, cuatro rockeros muy guitarreros y dos vocalistas con menos actitud pero bastante integradas entre ellas. Convenció y hasta movió su rock clásico yanqui, con raíz sudista (Janis, Screamin' Cheetah Wheelies), ambición (AOR, Whitesnake, Wishbone Ash) y rollo actual (BellRays, DTs, Last Vegas).
Cerraron con altibajos los onubenses La Suite Bizarre, capitaneados por un guitarrista híbrido de Fito Paéz y Prince. Semidesnudo, él pilotó una 'rave interruptus' (media hora no da para calentar, ya) botada con vaho improvisatorio entre Zappa y Rhinozerose, encallada a la mitad, y emergida en una marejada tribal onda Carlinhos Brown.





