
CORRESPONDENCIA
En Agurain existe El Alto de la Nevera u Oriamendi, una colina no lejos del centro de la villa. Allí había antiguamente una hoya circular de algo de más de 6 metros de diámetro y 4 de profundidad de forma cónica. La construcción de los depósitos de agua para suministro provocó que desapareciera esta hoya.
En 1659, entre las tiendas, molinos y hornos del concejo que se arriendan, figura la de abasto de nieve o hielo. En el Alto de la Nevera se almacenaba una porción de la nieve caída y se garantizaba su conservación a lo largo del año. A tal fin, la nieve o el hielo se ponían bien apelmazados y con capas de helechos entre tongada y tongada. Lo que se iba derritiendo salía por un sumidero y en la parte superior remataba la obra una cubierta con un respiradero y portillo de carga. Sobre esta nevera había una especie de chabola para asegurar un mejor aislamiento.
Al llegar la primavera, el ayuntamiento subastaba la nieve acumulada durante el invierno. Comenzaba entonces la temporada del comercio del hielo en las llamadas 'tiendas de nieve'. La venta al por menor se efectuaba a peso, de manera que para el vendedor era primordial evitar su licuación desde el Alto de la Nevera hasta el centro, por lo que los operarios trabajaban de noche con mulos o caballos, dado que los carros eran más lentos. Estos trabajadores nocturnos portaban pellas de hasta 70 kilos envueltas en hierba y pieles para el suministro. Los proveedores de las fondas estaban obligados a disponer de la nieve en el puesto de venta todos los días durante el periodo de arrendamiento, con lo que en ocasiones debían subir hasta El Alto de la Nevera varias veces al día.
Además de enfriar alimentos y bebidas, el hielo era un remedio habitual para combatir las fiebres. Se le atribuían efectos terapéuticos, por la llamada 'agua en polvo'. En 2004, el Ayuntamiento de Agurain solicitó a la Diputación incluir el Alto de la Nevera en las subvenciones para parques locales de esparcimiento. La petición fue denegada, pero en el informe no se menospreciaban las magníficas vistas ni la significación histórica del lugar como cruce del Camino de Santiago.
Conferencia 'santa'
Quizá en el futuro, una vez que crezcan las especies arbóreas plantadas (en una ocasión con motivo del Día del Árbol que organizó la Sociedad Landázuri) y si se lograra camuflar o integrar las moles de cemento construidas, pudiera mejorarse el entorno. Esperamos que entre todos consigamos recuperar este hermoso espacio.
Ya ven los lectores que por dos semanas consecutivas nos hemos ocupado de temas salvaterranos. Al hilo de esto, responderemos a un amable comunicante interesado en saber la fuente de la foto de la semana pasada. Era la iglesia de Santa María, tal como aparece en el tomo de Álava de la 'Geografía General del País Vasco-Navarro', estupenda obra en seis volúmenes dirigida por Francisco Carreras y Candi, y publicada en Barcelona entre 1911 y 1925 -hay una edición de 1980, con el título de 'Geografía General del País Vasco', en doce tomos-. El volumen correspondiente a nuestra provincia fue redactado en gran parte por el geógrafo salmantino Vicente Vera.
Dentro del programa Miércoles Landázuri, el 12 de marzo, a las 19.30 horas, en el paraninfo 'Jacinto de Arregui' de la calle Las Escuelas, nº 10 (sede de la Sociedad Landázuri), Joaquín Jiménez, experto en costumbres populares y estudioso del folklore alavés, ofrecerá una conferencia con el título 'Algunas cosas de la Semana Santa en tierras alavesas'. La entrada es libre, como siempre.









