
Según los Bomberos, la primera actuación fue vigilar «tanto el agua de extinción y como el que salía de las máquinas». El objetivo era evitar que llegara al río Ego y lo contaminara, por lo que se construyeron presas de contención. Sin embargo, no se puedo evitar que una parte «mínima» de los productos almacenados en la nave -ácido nítrico, sulfúrico y clorhídrico- llegara al cauce. Técnicos de Medio Ambiente del Ejecutivo tomaron muestras para ser analizadas.
El fuego se detectó a las 6.20 horas y pudo tener su origen en un fallo eléctrico, probablemente en el sistema de calentadores que mantiene la temperatura de las cubetas de almacenamiento de los productos químicos. Las llamas fueron controladas en 18 minutos, pero ya habían arruinado la maquinaria, el techo y las paredes de la planta. Los productos almacenados, al entrar en contacto con el fuego desprenden gases tóxicos, por lo que de forma preventiva se impidió el paso a las tres empresas colindantes. No se pudo evitar, sin embargo, que la propietaria de una de ellas entrara para abrir las ventanas y extraer el humo. Según la Ertzaintza, tuvo que ser atendida con malestar general, al igual que uno de los bomberos al que los vapores de los ácidos le causaron irritaciones cutáneas.





