Suelo referirme con cierta frecuencia al tema de los detergentes y conservo recortes de algunos comentarios míos de hace mas de medio siglo (¿diantre cómo pasa el tiempo!) y vean ustedes lo que decía yo en uno de estos articulitos publicado en los años cincuenta:
«Yo no sé si esta galopeada comercial y jabonera (dicho sea el adjetivo en su acepción literal) se detendrá algún día . Yo me figuro que tendrá que detenerse. Al menos cuando el número de detergentes supere al de compradores».
Han pasado mas de cincuenta años y el tiempo demuestra que yo estaba equivocado, porque la galopada comercial y jabonera (jabonero.- Persona que fabrica o vende jabón) no se ha detenido. Por el contrario, se mantiene en auge la competencia. Sobre todo desde que se descubrió la eficacia de los eslóganes que acompañan cada nueva marca.
Si mal no recuerdo, esta carrera de los eslóganes comenzó con un jabón que lavaba blanco, continuó con el siguiente que lavaba más blanco, después otro que dejaba la ropa impecable, luego el siguiente que la dejaba luminosa y así continúan saliendo en hilera, detergentes nuevos con frases nuevas. Yo pienso que hoy en día, lo difícil no es inventar un detergente nuevo, sino un eslogan nuevo. Ahí esté (como dijo un químico que explicaba el gasómetro en el Ateneo de Madrid) la madre del cordero.
El último eslogan de la publicidad jabonera es el de un detergente que resulta «eficaz contra ciento una manchas». Frase a mi modo de ver muy fácil de superar, porque al próximo detergente le basta con decir que es eficaz contra cientos de manchas. Y si la fórmula tiene éxito ¿se imaginan ustedes el día que aparezca un anuncio asegurando que su detergente es eficaz contra diez mil seiscientas ochenta y cuatro manchas?





