
Superado el impacto, la comedia se mueve por habituales parámetros románticos en los que no falta la visita a los padres de ella, que, para rentabilizar mejor lo que está por llegar, muestran adoración por su hija. El innecesario descubrimiento de aquel secreto permite al director y guionista describir las reacciones de todos los implicados en un tono de comedia comprometida y triste que no renuncia a la exposición de la parte dramática de las consecuencias de un tonto juego de confianza mutua.
Pero lo verdaderamente interesante está en el discurso sobre la sinceridad en la relación de pareja. Algo deseable, sin duda, pero siempre en su justa medida y calculada prudencia. Puede haber reductos de imprescindible reserva, ajenos a la situación actual, cuya revelación no ayuda en nada y pueden causar un daño irreparable condicionando la valoración de una persona por un pretérito acto inconfesable. La película demuestra lo innecesario de ese exceso de sinceridad.







