Por lo visto, se trata de un sistema pionero en España que ha sido importado de Amberes. En términos generales, Amberes es una de esas ciudades europeas que uno no sabe muy bien dónde queda, pero que transmite una gran sensación de seriedad. Podemos estar tranquilos: en Amberes la población es rubia, habla francés y sabe lo que se trae entre manos.
El sistema es simple. Basta con que una denuncia por robo en un establecimiento llegue a oídos de la Policía Municipal para que, al instante, todos los comerciantes que estén apuntados al servicio de alertas reciban un SMS en el que se detallan las características del robo y una descripción aproximada de los cacos. De este modo, los comerciantes pueden estar ojo avizor, proteger mejor sus negocios e incluso colaborar en la localización de los ladrones.
Como decimos, el sistema parece sencillo, y lo sencillo suele ser efectivo. Además, es gratuito, que tampoco viene mal. Desde aquí, sólo deseamos que el encargado de redactar los mensajes sea un individuo familiarizado con las viejas normas de la ortografía castellana. Lo digo porque, como redacte los SMS a la manera moderna, ya saben, escribiendo todo con 'k' y abreviando las palabras hasta convertirlas en exabruptos incomprensibles, las confusiones van a estar a la orden del día. Imaginen a ese tendero que recibe una alerta escrita aproximadamente en mandarín y, como un jaguar del pequeño comercio, salta el mostrador para inmovilizar al ciudadano equivocado. Evitaremos escenas desagradables si seguimos la recomendación de nuestros sufridos profesores: un poco de cuidado y buena letra. O buena tecla, quizá.





