
Según relataron vecinos de la mujer fallecida, minutos después de las cuatro de la tarde del pasado lunes, miembros de la Policía Municipal donostiarra fueron requeridos por varias personas que residen en el número 66 de la calle Sierra de Aralar, en el barrio de Loiola.
Los agentes fueron informados de la existencia de un fuerte olor que procedía del interior de una vivienda de la sexta planta. En la casa residían una mujer de unos 67 años de edad junto a su hija de 32.
Los guardias tocaron el timbre del piso, si bien en un primer momento no recibieron respuesta.
Insistieron y llegaron a manifestar de viva voz su condición de agentes. Tras unos minutos de espera, la puerta fue abierta, momento en el que el mal olor se intensificó.
Una vez dentro del piso, los agentes hallaron a la madre sin vida, tumbada en el salón, en un estado avanzado de descomposición.
La hija reconoció que su madre había fallecido en el mes de enero, en una fecha posterior a la festividad de San Sebastián, y que desde entonces había convivido con ella en la casa.
El cadáver fue evacuado al Instituto de Medicina Legal de Donostia, al objeto de serle practicada la autopsia. Según las primeras investigaciones, la mujer falleció por causas naturales.
Los vecinos indicaron que, de acuerdo a las manifestaciones que realizó la propia hija, la víctima murió en otra dependencia de la casa, si bien posteriormente ella misma la arrastró hasta el salón.
Al parecer, fue también la hija quien proporcionó a los policías la fecha del fallecimiento, que, según dijo, se produjo el 24 de enero. En consecuencia, la madre convivió durante 47 días con su madre ya fallecida.
Tras quedar al descubierto los hechos, la hija fue conducida al Hospital Donostia, donde, según fuentes de los vecinos, quedó ingresada en la Unidad de Psiquiatría para ser sometida a una exploración médica y determinar si padece algún tipo de trastorno mental.
«Un susto»
El hallazgo del cadáver y el conocimiento de que la hija llevaba con su madre muerta en casa nada menos que casi dos meses causaron un gran impacto entre los vecinos.
«El susto ha sido tremendo. Llevábamos ya bastantes días en los que veníamos percibiendo un olor muy desagradable. Habíamos comentado entre algunas de las personas que vivimos en el edificio que hacía mucho tiempo que nos veíamos ni a la madre ni a la hija. Por lo tanto, ante estas dos circunstancias decidimos poner los hechos en conocimiento de la Guardia Municipal», explicó un vecino.





