
PERSONAL
Desde entonces, está inmerso en un proyecto con el que está «encantado». «Estoy aprendiendo un montón», destaca. Ander trabaja en Getinsa, una empresa que realiza labores de consultora para instalar una red de señalización en la línea de ferrocarril que une Dammam -localidad en la que está instalado- y Riad. «Estamos trabajando para que haya comunicación entre el convoy y el control de estaciones», explica.Y está disfrutando de su aventura.
A pesar de que Ander se apresura a aclarar que está «contento» con la vida que lleva en Arabia Saudí, país que define como «muy agradable y especial», no es menos cierto que a veces la ausencia de alternativas de ocio le hace la estancia menos llevadera. «Si pensara que voy a estar aquí para siempre me volvería loco», asegura. Y es que le falta una «vía de escape». «No hay demasiadas cosas que hacer. ¿Pero que quede claro que no estoy a disgusto!», exclama.
«Saborear jamón»
Este joven vizcaíno no se olvida de su gente. Se acuerda de sus padres, del amigo con el que formó un grupo de música hace algunos años, de aquellos momentos musicales... Y de su tierra. «Cuando regreso a casa se me encoge el corazón. Es mi sitio. Lo echo mucho de menos», confiesa. Y esto, sin mencionar la gastronomía. «Tengo ganas de saborear un buen jamón -que aquí no se puede comer cerdo-, un magnífico chuletón, merluza, un exquisito bacalao...¿Y si lo cocina amatxu, pues mejor todavía!», exclama. Y es que este getxotarra lo tiene muy claro. «Cuando estoy en el País Vasco me encanta degustar una buena alubiada». Con sacramentos y todo. Como debe ser.
Lo cierto es que las pequeñas adversidades se quedan en una mera anécdota. En la balanza, sin duda, pesan más los momentos buenos que los malos. «Si pudiera, repetiría la experiencia. Es un país muy distinto, interesante», admite sin vacilar.
Ander, sin embargo, quiere regresar al País Vasco. Pero sin prisa. Antes, tiene planeado acabar el proyecto en el que está inmerso y asentar su relación con una joven griega, Ismini, con la que lleva seis años de intenso romance. «Nos conocimos en su país, mientras yo cursaba una beca de tres meses ¿y hasta hoy!», determina. Será fácil. Aventura que no le costará mucho esfuerzo convencerle del traslado, porque a su chica «le encanta Euskadi». «De hecho, le apetece mucho asentarse en Getxo», concluye.









