
LAS VALORACIONES
ZAPATERO
Como consta en la resolución aprobada ayer, el secretario general de los socialistas asoció la elevada participación del 9-M con la repulsa provocada por el asesinato del ex concejal del PSE Isaías Carrasco. Zapatero dio por sentado que, con su asistencia a los colegios electorales, el pueblo español quiso rendir homenaje a todas las víctimas de la «barbarie». «Lo hizo alimentando generosamente con sus votos la vitalidad de las instituciones democráticas y expresando su indomable voluntad», remarcó.
Es una de las muchas lecturas que el jefe del Ejecutivo hizo de los resultados del pasado domingo. Pero una de las más significativas. «Nuestra democracia no admite retos de quienes se enfrentan a sus principios básicos y a sus valores más esenciales; no los ha admitido en el pasado, no los admite hoy, no los admitirá mañana ni nunca», insistió. Ese mensaje que, a su juicio, han confirmado todos los españoles tiene especial relevancia para los socialistas del País Vasco. «Habéis sabido aguantar, habéis sabido sufrir, pero habéis tenido la mayor recompensa que en democracia se puede tener y es un amplísimo respaldo y confianza de los ciudadanos de Euskadi», dijo al secretario del PSE, Patxi López.
El líder de los socialistas se comprometió en su primera comparecencia pública tras los comicios a trabajar para recuperar los grandes acuerdos institucionales. Se refería a los constitucionalmente exigibles, los que deben permitir la renovación del CGPJ y el Tribunal Constitucional. Pero también al entendimiento en política antiterrorista. En todo caso, en sus palabras no deja de haber un tono voluntarista. Fuentes de la dirección socialista muestran sus dudas de que el PP se avenga a aparcar la confrontación. Y el propio Zapatero admitió el lunes que «habrá que esperar un poco» antes de volver a intentar un nuevo pacto.
«Mayoría sólida»
El de la unidad de acción contra ETA no fue el único mensaje que envió ayer Zapatero al resto de formaciones. Si alguien confiaba en hacer valer sus resultados electorales para presionar al Gobierno y arrimar el ascua a su sardina, José Luis Rodríguez Zapatero se lo pondrá difícil. El jefe el Ejecutivo en funciones se siente con fuerza suficiente como para evitar una nueva legislatura centrada en cuestiones territoriales y con un grupo parlamentario capaz de sacar adelante su proyecto sin pagar grandes hipotecas. Ésa es su pretensión. Y así lo dejó caer durante su intervención en el comité federal. «Tenemos una mayoría sólida para gobernar con autonomía y para hacerlo en función del interés general», subrayó. Cosa distinta es que reitere su disposición a hacerlo «con diálogo y con acuerdos».
La reunión del máximo órgano de decisión de los socialistas entre congresos tenía una única finalidad: el formalismo, exigido por el reglamento interno, de autorizar a la dirección del partido a negociar con el resto de fuerzas políticas y fijar las pautas de los subsiguientes pactos. En una situación como la actual, con el liderazgo de Zapatero consolidado, la cita apenas tuvo enjundia. El secretario general recibió carta blanca para obrar según considere conveniente y encomendó, a su vez, al secretario de Organización, José Blanco, la tarea de muñir un acuerdo para su investidura. Nadie marcó sus preferencias.
Los socialistas no lo dicen abiertamente pero en su mente hay poco espacio para acuerdos definitivos de gobernabilidad. Zapatero lo indicó al reivindicar su autonomía y poner en valor el hecho de su grupo parlamentario tendrá en el Congreso «la mayor dimensión que ha tenido nunca el primero de los grupos en una legislatura de mayoría relativa». Blanco aseguró, aún así, que «todo se puede contemplar en el escenario que ahora se inicia». Y no descartó, a priori, a ninguna formación. Ni siquiera condicionó el entendimiento con el PNV a la retirada del nuevo plan de Ibarretxe; al menos, no de manera explícita.
Por su parte, el secretario general del PSE, Patxi López, aseguró que pone a sus hombres a disposición del Zapatero . Rehusó así hacer hincapié en la petición lanzada en la ejecutiva del pasado lunes por su portavoz, Rodolfo Ares, para que se tenga en cuenta su posición antes de pactar con los nacionalistas. Además, afirmó a las puertas de Ferraz que tampoco considera «imprescindible» que haya un ministro vasco en el futuro Gobierno, si bien en su formación se entiende que sería un gesto de reconocimiento a la labor desempeñada por los socialistas del País Vasco en esta legislatura.







