
La práctica habitual es que los viandantes enlacen las dos aceras de Zumalakarregi, sin tener en cuenta que pueden encontrarse coches que entren o salgan del barrio de Larraño. Por eso, los vecinos han pedido en varias ocasiones la barandilla para que obligue a los peatones a dirigirse hacia el paso, situado unos metros más arriba de la acera de Zumalakarregi.
El alcalde de Llodio, que confirmó la colocación de la barandilla, no precisó cuándo se va a poner y, a pesar de que ya se ha decidido su instalación, mostró sus reticencias a poner «obstáculos», porque, en su opinión, «son más amables los espacios diáfanos».
Sin rotonda
En este tramo, el Ayuntamiento había planificado la construcción de una rotonda para ordenar el tráfico que confluye desde cinco viales diferentes. La propuesta quedó finalmente desechada. El alcalde explicó en una de las asambleas de barrio, que, tras realizar un estudio de tráfico en la localidad, «se descartó porque están muy próximos los pasos peatonales y no se dan las distancias mínimas requeridas».
Otro de los problemas que afectan al tráfico es la invasión de la calzada por parte de ellos coches que aparcan en línea a ambos lados de la subida a Larrazabal. La estrechez de los aparcamientos y de la calzada, unidos al trazado en curva, dificultan la visibilidad de los conductores. A estos problemas se une la escasez de aparcamientos en el barrio.









