
En pequeños grupos o en grandes cuadrillas, son numerosos los chavales que calientan motores en plena calle y vaso en mano, antes de sudar la camiseta con los ritmos bailones de bares y discotecas. Pero lo primero de todo es conseguir la materia prima. Supermercados y tiendas de alimentación, en su mayoría regentadas por extranjeros, son las opciones preferidas para abastecerse. Y en buena parte de ellos continúa la venta ilegal de alcohol a menores, a pesar de que en algunos establecimientos han aumentado los controles en los últimos meses.
EL CORREO pudo comprobar la noche del sábado lo fácil que es para los jóvenes de entre 14 y 17 años hacerse con todo tipo de bebidas alcohólicas. «Vamos siempre a un bazar de los de los chinos. Ponemos cinco euros de bote y conseguimos todo sin problemas, nunca nos piden nada», aseguraban Daniel, Ander y Miguel, tres chicos de 14 y 16 años, vodka en mano.
Carnés falsificados
Eran las diez de la noche y apuraban los últimos tragos en un parque del Paseo de las Universidades junto a numerosas chicas. «Quedamos sobre las seis de la tarde y vamos a comprar, ellos lo que quieren es vender y no les importa lo que hagamos», añadía una de sus amigas con evidentes síntomas de embriaguez.
Continúa la ruta y poco después, en los jardines del parque de La Florida, Itziar, Íñigo, María, Itziar, Jon y María charlan en voz baja. En el centro del corro, vodka negro, moscatel, licor de manzana, ron, coca cola y limón. Variado surtido que les ha costado 28 euros, cuatro por cabeza, en un supermercado. «No nos han pedido documentación. Sólo nos han mirado un poco raro porque teníamos el carro lleno», reconoce la única mayor de edad.
El resto oscilan entre los 14 y 16 años. Reconocen que las mayores dificultades para conseguir alcohol se presentan en los bares del Casco Viejo. Es cuando entra en funcionamiento la picaresca. «Me he fotocopiado en color el carné de una amiga de 16, le he puesto mi foto y lo plastifico. Cuando me lo piden los porteros, sólo con ver la fecha paso sin problemas», muestra una de ellas. Una vez en el interior de los locales, admiten que consumen lo que quieren sin problema alguno.
«No somos policías»
Se acerca la medianoche y varios grupos se arremolinan en un establecimiento de Siervas de Jesús. Bolsa en mano, enfilan hacia la almendra medieval, centro neurálgico del 'botellón'. «Tenemos 18 años, pero aún así nos han pedido el carné. Desde hace unos meses lo hacen bastante», apuntan. Otros cuatro amigos, Mikel, Pablo, Joseba y Rubén, lo corroboran. «Es cierto que están algo más pendientes, pero depende del día. Si hay veinte personas en la tienda, ni se preocupan».
No es el caso de un pequeño testablecimiento de alimentación situado en el cantón de Santa María. El ir y venir de jóvenes es incesante, pero más de uno sale con las manos vacías. «Si no tienen 18 años, no les vendemos», recalca Nordi El Ambrani. Tanto él como el dueño reconocen que «nos han puesto alguna multa. La Policía ha estado alguna vez y nos ha pedido que tengamos más cuidado y ahora siempre pedimos el DNI». Sin embargo, critican que «no somos policías, aquí estamos trabajando, no para vigilar a nadie». Admiten que «a veces alguien se te puede colar, y, en otras ocasiones, viene el que es mayor de edad y saca para otros más pequeños, pero ahí, ¿qué podemos hacer?».









