
Ahí había muchísimas muchachas guapísimas, cantidad de aficionados veteranos y mogollón de chavales lampiños que a ver por cuántos años aguantan el tirón. Las canciones (19 en hora y 48 minutos de acción con dos bises) fueron coreadas por una peña que fumaba de todo y bebía lo que podía mientras atendía, animaba y emulaba las andanzas del líder de Los Suaves, el incombustible Yosi, terrible y teatral, orate druida galaico de melena rizada y cana que alentaba a la tribu del rock: los puños en alto marcados por el sello de la sala que imprimían al entrar (eso parecía casi una secta, oigan). Yosi no perdonó ni una, aceptó y cató todas las dosis que le ofrecían, a poco se despelotó, se lanzó en plancha sobre su grey, tiró una playera, una toalla sudada y un calcetín, y, en el momento hilarante de la velada, cogió un cigarrillo del respetable, pidió fuego y desde unos metros le arrojaron un mechero que le acertó en plena cara. Yosi aguantó mecha, acaso ni lo notó y tiró p'alante.
Uno de los nuestros se puede decir que es Yosi, miembro de la Policía Nacional antes de montar a esta su banda de rock hace un cuarto de siglo. Él también se sumergió en el delirio de sus fans más rendidos. Dio y recibió incrustado en la enajenación mental transitoria colectiva de las primeras filas y abrió con 'Preparados para el rock and roll', tan idiosincrásica como algunas camisetas de la concurrencia (varias del Athletic, una genial de los Porretas con la fórmula del kali-motxo...). «¿Cantad, joder!», nos gritó vestido con chupa de cuero cruzada y una camiseta con el logotipo de Los Suaves (el felino que reproducimos a la derecha), pero apenas era necesario. La gente se las sabía todas, como 'Judas' (influjo para Extremoduro, con Yosi mesándose el paquete), 'San Francisco Express' (hard rock a trompicones) o la lírica y coral 'Palabras para Julia' (qué bonita).
En el primer parón Yosi saludó, avisó que no hablaría mucho porque no sabe contar chistes y se excusó informando que ese sabatino era su primer concierto del año «y ya sabéis lo que pasa la primera vez». Sin embargo, todo marchaba bien: 'El jardín de las delicias' resonó al soul tétrico de Nick Cave, 'Dulce castigo' ha influido a Marea, en 'Maldita sea mi suerte', ¿poum!, un tío voló desde el escenario y cayó sobre nosotros sonriendo por haber sobrevivido y una maciza invadió el tablado, se pegó al cantante y la apartó un pipa. La ebriedad empapaba en vanguardia, Yosi enseñó gayumbos anaranjados sin vergüenza, se lució en el soul 'Si pudiera' (inspirado por la maldición de las mujeres) y sacó pecho en 'No puedo dejar el rock', donde borboteó la catarsis y cuando le propinaron el mecherazo en el careto.
Bala perdida
Asiendo la guitarra acústica Yosi entonó 'Malas noticias' (escrita cuando vivió en la calle) y 'Pardao', antes de que los focos nos cegaran y el eco se impusiera en 'Massacre', previa a la fiesta con la plateresca 'Dolores se llamaba Lola', la que pregunta «dónde vas, bala perdida, dónde vas, triste de ti».
La cosa duró 68 minutos antes del primer bis: 'Mi casa' («es el R&R») arrancó a tientas y se enderezó con Yosi a la armónica, 'Ese día piensa' precedió a la tijuanesca 'El afilador' y pareció que se acabó al de 95 minutos con 'Peligrosa María'. Pero no: hubo otro extra con guiño a Peckinpah («si se mueven, mátalos», de la peli 'Grupo salvaje'), un corajudo 'Ya nos vamos' y adiós con 'Chaquetas de cuero'. Viva el rock.





