
Las empresas que fabrican las piezas dicen que el problema está «en la forma de colocarlas», como indica el adjunto a la gerencia de Pavimentos de Tudela, Álvaro Marañón. El portavoz de la empresa que ha suministrado adoquines a numerosas calles de Vitoria sostiene que «si no los ponen expertos que hayan preparado el firme antes, se levantarán seguro. Por ejemplo, en Ibaiondo se pusieron fatal. En Salburua y Zabalgana, en cambio, están perfectas».
Para conseguir una pavimentación adecuada es importante utilizar baldosas «de calidad» y que sean antideslizantes. También hay que tener en cuenta qué peso soportará cada pieza. Si se requiere la máxima adherencia -la que es capaz de aguantar el paso del tráfico- el operario debe crear cuatro capas. La más profunda es una zahorra compactada, que es un tipo de grava arenosa. Después se coloca una base de hormigón. El tercer piso de la 'tarta' es el mortero de agarre, formado por una mezcla de cemento, agua y arena fina. Por último, se coloca la loseta.
«Trabajan a destajo»
Pero el resultado no siempre es bueno. «Se está abandonando la técnica del embaldosado mediante mortero húmedo, más perfeccionista, a favor de la técnica del mortero seco, más rápida y barata. Y eso provoca chapuzas», lamenta Víctor Moracho, director comercial de la firma.
Los propios operarios se defienden de forma anónima. «Es fácil criticarnos, pero colocamos las baldosas que nos mandan y a veces el proyecto no es correcto». También asumen que las empresas pujan en los concursos por hacer la obra «más rápido y más barato que nadie», y eso puede influir en la reforma. «Trabajamos rápido y hasta hay que contratar a colocadores de baldosas de fuera que trabajan a destajo», recalcan.









