La colocación de la bomba fue anunciada por un hombre que dijo hablar en nombre de ETA y que telefoneó a la DYA. El comunicante explicó que explotaría en el repetidor de Erlo, pero no precisó cuándo. La cercanía entre Azpeitia y Elgoibar, una distancia que se recorre por carretera en veinte minutos, ha llevado a los investigadores a sospechar que la llamada pudo ser realizada por uno de los mismos etarras que colocó el artefacto.
Las pesquisas policiales no han permitido determinar por el momento la identidad del terrorista que realizó la llamada, aunque las primeras indagaciones apuntan a que no fue el mismo que avisó de la colocación de un coche bomba en Calahorra el 21 de marzo pasado. Las fuerzas de seguridad han determinado que el comunicante en aquel caso fue Arkaitz Goikoetxea, miembro 'liberado' -a sueldo de la organización- del 'comando Vizcaya' y uno de los presuntos autores de la práctica totalidad de atentados cometidos por ETA en el País Vasco desde el final de la tregua. Este grupo ha actuado tanto en Vizcaya como en Guipúzcoa.
Los investigadores no se atreven por el momento a atribuir a una célula determinada el atentado de Azpeitia. La explosión y la llamada reivindicativa se produjeron en dos puntos de Guipúzcoa y en día festivo, por lo que podría tratarse de miembros 'legales', -no fichados por las fuerzas de seguridad- que llevaran una vida aparentemente normal, ya que no se encuentran en la clandestinidad.
Según explicó ayer el Departamento de Interior, la detonación de los tres kilos de amonal -activada mediante un temporizador- provocó escasos daños. La onda expansiva dañó la puerta metálica de acceso a las instalaciones y un traamo reducido de la valla de protección que rodea la antena de telecomunicaciones.
La hipótesis de la trampa
Las pesquisas llevadas a cabo por la Ertzaintza en el monte Izarraitz el domingo por la mañana se prolongaron durante varias horas. En primer lugar, los agentes temían que la llamada y la explosión del artefacto ocultasen algún tipo de trampa de ETA, ya que la organización ha intentado en dos ocasiones tender una emboscada a los artificieros que acuden a examinar los artefactos explosivos.
Por otra parte, la lluvia y la niebla dificultaron la inspección visual de la zona, por lo que los restos de la bomba no se hallaron hasta primera hora de la tarde.







