El último escándalo por los numeritos sadomaso de tinte nazi del presidente de la FIA, Max Mosley, ya lo retrató magistralmente, hace muchos años, aunque demasiado pocos para que caigan en el olvido, Passolini en su película 'Saló, o los 120 días de Sodoma'. Y parecía tan exagerado y explícito retrato el de 'Portero de Noche' de la Cavani... Estaremos quizá en esa fase de declive que denota la publicidad a mansalva de escándalos sexuales en las altas cimas. Llegan a porfía retazos de casos Profumo e historias sobre la voracidad sexual inconfesable en los mitos del siglo, políticos o no. Renace el morbo por el frenesí a lo Kennedy o Clinton, los gatillazos de eminentes personajes. Por las artistas más 'lobas' en la cama, por el olor de sus sábanas. «¿Que hay diez hombres esperándome en la puerta? Envía uno su casa. Estoy cansada», ordenaba Mae West. Uno de los iconos pornos es el de enfermera de minifaldita que se ofrece toda ella sobre la mesa del quirófano en uniforme muy ofertado en las sex-shops. Unas enfermeras españolas luchan contra la aberrante orden de prohibirles el pantalón en el trabajo. La prohibición es toda una bacanal de sinrazones de escándalo.







