Fernando Muguruza se hizo famoso allende las fronteras de Castro Urdiales el pasado verano, cuando retuvo la alcaldía de la villa costera traicionando la confianza de su partido, el PRC, y aliándose con el PP y una agrupación local llamada Acuerdo por Castro. La pirueta fue sonada y el Comité Nacional del Pacto Antitransfuguismo la premió hace unos meses reconociéndola como transfuguismo del bueno. Cosa fina, vaya. Primera calidad.
Ahora al tránsfuga Muguruza le investigan por un presunto caso de prevaricación en la contratación de las obras de reforma del túnel de Mioño. En defensa de su buen nombre, el alcalde ha hecho lo habitual en estos casos: echar toneladas de porquería sobre los nombres de los demás. Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, se ha llevado lo suyo y también algunos responsables del PSOE, el partido que ahora mismo debería estar gobernando Castro si los acontecimientos hubiesen seguido los cauces de la normalidad.
El escándalo ya era bastante bonito, pero España es un país que, en cuanto puede, se arroja por la pendiente del sainete. Ayer, en la zona donde se colocan los periodistas que cubren el pleno de Castro apareció un 'dossier' que ponía en entredicho la profesionalidad del juez que lleva el caso del túnel de Mioño. Un 'dossier' anónimo, misterioso, hecho con recortes de periódico. Sin duda, la filtración pasará a la historia: no se había visto cosa igual desde que 'Garganta Profunda' contactó con Bernstein y Woodward.
Como es lógico, nadie tiene la menor idea de quién puede estar detrás del 'dossier'. Es un gran misterio. Enterado del asunto, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria ha salido en defensa del juez. Quizá ni siquiera debiera haberlo hecho. Al fin y al cabo, los anónimos nunca se tienen en cuenta y las reputaciones se defienden solas. Sobre todo, cuando son buenas.





