
Villoro explora «las potencialidades de la lengua oral» después de su estreno como dramaturgo con 'Muerte parcial'. «Una conversación no genera acción, aunque pueda iluminar capítulos y pasajes enteros de un libro. Quería atrapar al narrador accidental, aquel que por casualidad cuenta cosas afortunadas e incluso poéticas». De ahí el epígrafe del libro, 'Quien calla una palabra es su dueño, quien la pronuncia, es su esclavo', un cita del escritor austriaco Karl Kraus.
Muchas veces, los personajes de 'Los culpables' dicen algo que no querían decir, llegan a «la parte hiriente del relato» y el lector se percata antes que ellos mismos. «Cuando guardas las palabras puedes dosificarlas, posponer su efecto, algo que no controlas una vez las lanzas al viento».
Vendedores de iguanas
Al contrario de lo que suele intentar un novelista, Villoro recurre deliberadamente al lugar común para intentar producir sorpresa y novedades, en un compendio de relatos que dialogan entre sí. Con la socarronería que le es habitual, el mexicano afronta historias como la de un mariachi hastiado de serlo, «aunque nació con la cara perfecta para trasmitir despecho y rencor». O la de un vendedor de iguanas, personaje habitual en las carreteras secundarias mexicanas que siempre le ha fascinado.
«Los narradores somos un poco como vendedores de iguanas, ofrecemos cosas raras a aquel que quiera comprarlas», ironiza Villoro. Otro de los cuentos, protagonizado por un periodista norteamericano ávido de experiencias en México, está inspirado en una carta en la que Jack Kerouac sondeaba a William Burroughs sobre los peligros del país de cara a un futuro viaje. «No te preocupes», le tranquilizaba su colega, «los mexicanos sólo matan a sus amigos». Concluye Villoro, de vuelta de su reciente viaje a su país natal: «En México me pasa lo mejor y lo peor, es la intensificación de la experiencia».







