Por eso es necesaria una sustitución progresiva. El Ayuntamiento las realiza de forma sistemática y cada vez que algún tramo revienta, algo que sucede en muchas ocasiones. El año pasado, la red secundaria, el ramaje que va a los grifos, sufrió 1.104 roturas, «casi tres cada día», indicó ayer el concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas.
Luego están las tuberías de la columna primaria, los troncos del suministro. En 2007 registró un único reventón a la altura de Rekalde a cuenta del accidente que ahora hay que dejar bien atado para el futuro.
La malla de tuberías que debe controlar este departamento es enorme. Como arteria de abastecimiento tiene el canal de Ordunte, de 40 kilómetros; la red primaria de distribución, de 94 ; y la secundaria, de 417 kilómetros. Sabas describió ayer que lo importante aquí es que «no reviente una vena aorta»; que, si tiene que ocurrir, que sea en «una variz normal». Entre toda esta maraña, los responsables de Servicios extraen datos para el optimismo. Las fugas han caído a sus niveles más bajos -alrededor del 12% del caudal- y el consumo experimenta una progresiva moderación. El gasto de agua en la red primaria se ha reducido un 24% de 2001 a 2007 -la dotación actual se sitúa en 244 litros por habitante y día-.
El reto es rentabilizar mejor los recursos, procedentes de Ordunte, para reducir la dependencia de los pantanos alaveses del Zadorra, gestionados por el Consorcio, según el jefe del servicio de aguas de Bilbao, Santos Santamaría. Para ello, el departamento proyecta dos tuberías de abastecimiento que cruzarán la ría: una adosada a un puente por Zorrozaurre y otra, ya tendida, en el lecho de La Peña.





