
LOS CONSEJOS
Los afectados, unos 150.000, están en la zona de influencia de la tubería que baja del depósito de Elejabarri, concentrados en la margen izquierda de la ciudad entre Rekalde, Abando, Basurto y algo de Deusto y Uribarri, según explicó ayer el delegado de Obras y Servicios, José Luis Sabas, en la presentación del plan de choque. El eventual impacto del tajo del domingo viene marcado por la amplia cobertura de esta red, que abastece al 67% de la población con agua procedente del embalse burgalés de Ordunte.
El corte obedece a la necesidad de restaurar de forma integral el depósito de Elejabarri, lo que exige su vaciado por primera vez en sus 80 años de servicio y la construcción de una tubería alternativa para garantizar el abastecimiento. Tendido ya este tubo, Obras y Servicios afronta ahora las conexiones a la red. Son tres.
Una está a la salida del mismo aljibe, en la parte alta de Rekalde, y las otras dos, en el corazón de este barrio. El empalme más delicado se sitúa en un codo entre las calles Gordóniz y Biarritz, precisamente donde se registró un reventón en noviembre a causa de una rotura accidental. Los operarios comenzarán por aquí la tarea, cuyo plazo de ejecución ronda las 18 horas. Si sale bien, el resto irá mejor porque los otros dos tajos son «más fáciles», indicó el director del área, Txabi López Iturrate.
De aquella avería, la concejalía que gestiona Sabas sacó algo productivo para el servicio porque logró mantener el suministro a importantes zonas de la ciudad con otros recursos sin cortarles el grifo. Esta misma táctica será empleada el domingo. Los técnicos tienen preparadas y «probadas» fuentes de alimentación extras en el depósito de Larraskitu y en el caudal del Consorcio de Aguas para evitar la rigurosidad el recorte y dejarlo en 'sólo' una presión menor.
Riesgo de reventón
Esta es una de las razones alegadas por Obras y Servicios para explicar el retraso de casi cuatro meses en la ejecución de los tajos pendientes en la red principal, tras el reventón de noviembre. Las otras, según el equipo de Sabas, han sido la necesidad de reducir riesgos y, como actuación concreta, la construcción de una canalización de seguridad contra eventuales desprendimientos de tierra en la curva de Uretamendi, el tramo en pendiente más próximo a Elejabarri.
Esta nueva conducción, que aguanta 1.000 litros por segundo, llevará de arranque el caudal que luego alimenta a más de la mitad de Bilbao. Por prevención, el corte, que había sido anunciado para enero, se realiza ahora.
Eso no quiere decir que no haya peligros a la vista, que los hay. Sabas advirtió ayer de que la red puede reventar por algún punto imprevisto, debido a que el agua se estrenará en algunos tubos e, incluso, circulará en direcciones desconocidas hasta ahora para no recurrir al corte. Además, avisó, muchos tramos han superado ya sus 50 años de vida útil. «La tarea de renovación no acabará nunca», aclaró.






