
SEVILLA
Ni carne ni pescado hasta que saltó el tercero. Y entonces fue como si empezara otra corrida. De fantástica intensidad, cargada de sucesos, emociones y polémica. El primer lugar, tres toros de estilo sobresaliente. Los tres mejores de cuanto va de feria. Un tercero bajo de agujas, un punto andarín de partida, tuvo ritmo, fijeza y bondad: calidad. Lindo y templado manejo de El Cid, que brindó a Liria en generoso gesto. Ni una prueba. Por abajo y por los vuelos gobernado el toro desde el primer embroque. Faena de muchos recursos y sitio -por fuera los embroques, adentro el remate de los muletazos- pero de claro dibujo, ligazón y acento propio. Fue faena de dos mitades. La segunda, salpicada de paseos, no estuvo al nivel de la primera. El toro perdió gas poco a poco. Y no le vio la muerte El Cid. Cuatro pinchazos, media y un descabello.
La mecha de la traca mayor se vino a prender después ¿y cómo! Liria se fue a porta gayola a saludar al cuarto. La ovación y el runrún, de trueno. Deslumbrado o tropezado, el toro perdió paso antes de llegar a jurisdicción y embrocarse. Todavía hincado de hinojos, Liria quedó al descubierto y sólo pudo, en un golpe de instinto, tratar desde el suelo de taparle la cara al toro con un revuelo de punta de capote. No atendió el toro, que lo prendió por la entrepierna y lo volteó como a pelele. Quitado el toro, Pepín le pegó cinco, seis, siete lances de templadísimo vuelo. La música atacó en ese instante preciso, la gente se puso de pie y la fiesta fue mayúscula.
Sin frenos
Con la taleguilla recompuesta con esparadrapos, Liria brindó el toro de la despedida. Con él vivió momentos de emociones sin cuento. Sin frenos y algo acelerado el torero de Cehegín, que salió por todas. Vivo y pronto el toro, que tenía temple pero también descaro y repetía. Muy abierto el compás, Pepín trató de someter y ahormar las embestidas. Se desbordaba el toro un poco. Sorprendido y visto en un cite por fuera, Pepín salió cogido y volteado. En el suelo lo tuvo el toro entre las manos dos veces. De milagro ileso Pepín, que en renovado brío volvió al toro y lo pasó templado. Y luego se lo sacó a los medios para a solas tundirlo de una estocada. Se pidió para Liria una segunda oreja y la vuelta para el toro. Se enrocó el palco. Sonora división de opiniones.
En ese clima saltó un quinto terciado, muy bonito y muy astifino. De extraordinario fondo. Agresivo en bravo, pero algo tardo también. Las embestidas por abajo fueron antológicas. Lo toreó con talento, valor, autoridad y categoría Ferrera. Y lo banderilleó arriesgando lo indecible. Luego lo enganchó por delante con la zurda en dos, tres, cuatro tandas de perfecto encaje. Los pases de pecho, al hombro contrario con el toro traído a pulso, fueron una maravilla.
Con todo a favor y plaza volcada, Ferrera, demasiado cerrado, agarró media estocada, un descabello en los medios con toro crudo y una estocada excelente pero cuando sonaba un aviso que lo chafó todo. La vuelta al ruedo al toro, muy protestada, fue jarro de agua fría para Ferrera.
Con el sexto, destartalado, zancudo y justo de fuerzas, se volvió a otra función. Seguro y tozudo, El Cid le encontró al toro el aire y el pulso en una faena de sordo mérito. No lucida. Ni rematada con la espada.







