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Política

TERRORISMO
Un comando no detectado hasta ahora perpetró el último atentado de Azpeitia
Las cámaras captaron a tres terroristas desconocidos mientras colocaban la bomba en el repetidor

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Un comando no detectado hasta ahora perpetró el último atentado de Azpeitia
AZPEITIA. Un ertzaina vigila el acceso al lugar del atentado. / EFE
La investigación abierta por la Ertzaintza sobre el atentado cometido por ETA el pasado domingo en Azpeitia contra el repetidor situado en el monte Izarraitz apunta a que fue cometido por un comando no detectado hasta ahora, según se desprende del examen de los vídeos grabados por las cámaras de seguridad que vigilan la instalación. Según han señalado a este periódico fuentes de la Policía autónoma, ninguna de las imágenes de los tres terroristas que intervinieron en el ataque se parece a las de los etarras que hasta ahora habían sido identificados como los autores de los atentados cometidos en el País Vasco.

Según los vídeos de seguridad, el atentado fue cometido alrededor de las tres de la mañana. Los terroristas dejaron el artefacto en la puerta exterior del local, junto a la valla de protección que rodea el repetidor de telecomunicaciones. En las imágenes -de baja calidad- se puede ver a los tres etarras durante varios minutos mientras parecen comprobar el artefacto. Tras asegurarse de su colocación abandonan la zona. La explosión se produjo tres horas más tarde, alrededor de las seis de la mañana.

La llamada en la que la banda avisaba de la colocación no se produjo hasta las once de la mañana y se realizó desde Elgoibar, aproximadamente, a veinte kilómetros del repetidor. El domingo por la mañana, la cima del monte Izarraitz estaba rodeada por la niebla y la lluvia. Al llegar hasta el lugar, la Ertzaintza adoptó todo tipo de precauciones en prevención de que la banda hubiera colocado una bomba trampa en las inmediaciones. Ya por la tarde, la Policía vasca certificó que en el repetidor se había producido la explosión de un único artefacto que apenas causó daños. Según los expertos de la Unidad de Desactivación de Explosivos de la Ertzaintza, estaba compuesto por alrededor de tres kilos de amonal y un temporizador.

Ninguna de las tres personas que intervino en la colocación de la bomba ha podido ser identificada por el momento. No obstante, del examen de las imágenes sí que se desprende que ninguno de los tres participantes es alguno de los 'liberados' -a sueldo de la organización- que hasta ahora han sido grabados en otros atentados y cuya descripción se conoce desde hace meses. Los dos etarras son Jurdan Martitegi Lizaso y Arkaitz Goikoetxea. Durante algún tiempo se especuló con la posibilidad de que ambos hubieran huido a Francia a finales del año pasado.

Acción de 'legales'

Esta hipótesis se dejó de contemplar el pasado 22 de marzo, cuando la banda arrasó el centro de la localidad riojana de Calahorra con un coche bomba. Según se supo después del atentado, la llamada en la que se avisaba de la inminente explosión fue realizada por Arkaitz Goikoetxea, según afirmaron los expertos de la Guardia Civil. Goikoetxea procede de la kale borroka -fue procesado por sabotajes en varias ocasiones entre 1995 y 2005- aunque su pertenencia a ETA no se determinó hasta el año pasado. Sus rastros aparecieron en el atentado registrado en agosto de 2007 contra la casa cuartel de Durango. Según la descripción física del terrorista con la que trabaja la Ertzaintza, el etarra mide 1,87 metros, tiene los ojos marrones y tiene un lunar en el pómulo izquierdo. Tiene amputadas la primera falange de los dedos anular y corazón de la mano izquierda a consecuencia de haberle estallado un artefacto explosivo que manipulaba durante unas algaradas en Vitoria.

La aparición de terroristas no identificados no ha sorprendido a las fuerzas de seguridad. En los últimos atentado ya existía la sospecha de que la banda cuenta con varios 'legales' -no fichados por la Policía- que apoyan en sus acciones a los liberados. En el caso de Azpeitia, los expertos creen que la acción pudo tratarse de la primera acción de unos colaboradores que han sido instruidos recientemente en el uso de explosivos.
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