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Política

contra urkullu
Egibar lanzó su órdago en ausencia del líder del partido

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Lunes, primera hora de la tarde. El EBB del PNV informa de que no ha adoptado «ninguna decisión» sobre la moción de censura contra ANV impulsada por el PSE en Mondragón y condiciona el devenir del asunto a las circunstancias de la cita programada para el martes por la mañana en San Sebastián, en la que Joseba Egibar representará al partido como presidente del GBB. En ese momento, hace tiempo que ni Iñigo Urkullu ni uno de sus hombres de confianza en la ejecutiva, Joseba Aurrekoetxea, están ya en Sabin Etxea. Ambos se han ausentado por razones de fuerza mayor: embarcar en un avión destino Madrid y atar 'in situ' con el socialista José Blanco los flecos pendientes en la negociación sobre el reparto de puestos en el Congreso y en el Senado.

Es precisamente en su ausencia cuando la dirección peneuvista aborda la iniciativa para desalojar del poder a Inocencia Galparsoro. Egibar deja claro que se opone; no en vano, ya había comunicado su postura al líder del PSE guipuzcoano, Miguel Buen, y a los distintos estamentos jeltzales. Incluso su entorno había comenzado ya a airear que no había posibilidad alguna de sumar sus votos a los del PSE en Mondragón. Pero el espinoso asunto queda flotando en el aire de la sala de reuniones del EBB. En ausencia del líder, nadie impone su criterio ni se adopta una postura definitiva. Nadie está en condiciones de hacer valer su autoridad.

A la mañana siguiente, según la versión del PNV, el burukide guipuzcoano se topa con varias sorpresas. Esperaba encontrar a Buen, con quien ha tratado hasta entonces, pero aparece Manuel Huertas, alejado ya de la primera línea. Además, dicen los jeltzales, el PSE le coloca entre la espada y la pared y le exige un sí o un no, sin matices. Pero Egibar sale en tromba y, en lugar de denunciar una mala gestión por parte del resto de fuerzas implicadas, pedir más tiempo o aplazar la decisión, la rechaza con contundencia. Y no duda para ello en acusar al PSOE de pactar con Batasuna para que ANV pasase el filtro en determinados municipios.

La bola ha echado a rodar. Y, según diversas fuentes peneuvistas consultadas, «sorprende» genuinamente a Urkullu en Madrid. El líder jeltzale, sostienen, no contaba con que Egibar llegaría tan lejos ni comprometería hasta tal punto la posición del partido. Profundamente preocupado, regresa y convoca con urgencia al EBB para el miércoles. Entretanto, los móviles echan chispas. Hasta cinco dirigentes socialistas -Blanco, Buen, Patxi López, Alfredo Pérez Rubalcaba y Ramón Jáuregui- telefonean a los peneuvistas, entre ellos al propio Urkullu y a Josu Erkoreka, para pedirles que reconduzcan la situación.

Tras una tensa jornada, en la que quedó patente que buena parte de la dirección discrepa del proceder de Egibar, Urkullu rectifica sobre la base de un comunicado de ETA que Egibar, él y toda la opinión pública ya conocían el martes por la tarde. Y el líder del GBB vuelve a dar la cara. Pero esta vez a regañadientes y relegado al papel de mero convidado de piedra.
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