
Sin abandonar las aulas, pero con la vista puesta en «grandes alianzas con el mundo empresarial», el rector de Deusto, Jaime Oraá, y el presidente del consejo de administración de esta escuela de negocios, Alfredo Sáenz, se felicitaron por participar en uno de los «viajes más excitantes y motivadores» en que que se puede embarcar una institución académica: la búsqueda del talento. Una «condición imprescindible» para «reinventar el futuro», según reconoció el presidente de la Agencia Vasca de la Innovación, Pedro Luis Uriarte. El talento, un bien preciado pero «desgraciadamente escaso», con el que seguir marcando el paso a nivel social, cultural y económico.
Por eso, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, no reprimió su satisfacción nada más apearse del vehículo oficial: «Es un placer estar aquí», confesó a Oraá. Ante un aforo copado en sus primeras filas por el vicepresidente de la DBS y presidente de Telecinco, Alejandro Echevarría; Xabier de Irala, presidente de la BBK; y el consejero de Educación, Tontxu Campos, Ibarretxe no escatimó elogios para este centro -«un hito para la transformación de Euskadi»- por su capacidad para fabricar «líderes» en todos los sectores. «Creo en la competencia como mecanismo para mejorar», sentenció.
Negocios y ética
Pero en el solemne paraninfo, donde también ocuparon butacas Izaskun Artetxe, diputada vizcaína de Innovación y Promoción Económica; José Luis Larrea, presidente de Ibermática; Iñigo Ocariz, presidente del Colegio Vasco de Economistas; y Alfonso Martínez de Cearra, principal dirigente de Bilbao-Metrópoli 30; y Pedro de Icaza, patrono de la Fundación Vizcaína Aguirre, también se dejó un hueco para el desarrollo personal. Porque esta escuela de negocios no oculta su anhelo de generar «ejecutivos de alto nivel» pero también formar personas con una «profunda conciencia ética».
Sentencia que mereció el aplauso unánime de una generación de líderes que asistió a la primera clase de esta escuela y disfrutó con una muestra de 'speed painting' -pintura a gran velocidad- a cargo del artista Franck Bouroullec. Lo que agradecieron gentes como Juan María Nin, director general de La Caixa; Alvaro Videgain, presidente de Tubacex; o Ramón O'Callaghan, director de la DBS. Todos grandes líderes.







