
RADIOGRAFÍA
Los datos corresponden a la Memoria de la Fiscalía Provincial de Álava de 2007. En el documento se achaca el sustancial incremento del número de asuntos investigados al «mayor esfuerzo y eficacia en la persecución de las infracciones por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad y los órganos jurisdiccionales». También revela un dato previsible: la inmensa mayoría de los conductores se las vieron con la justicia por haber excedido la tasa de alcoholemia, aunque también hay 33 supuestos de conducción temeraria. De todos esos casos, sólo en uno se decretó la prisión provisional para el delincuente por ser «un supuesto de conducción con manifiesto desprecio para la vida de los demás». La Fiscalía se refiere así a la situación provocada por un conductor que protagonizó una persecución policial a lo largo de 60 kilómetros y que incluyó enérgicos derrapes en un puerto de montaña.
La Memoria de la Fiscalía viene siendo como una radiografía de ese submundo alavés que nadie querría llegar a conocer. Durante el año pasado se cometieron en el territorio 18.507 delitos, o, al menos, ese fue el número de denuncias presentadas. Sin embargo, «la inmensa mayoría acaban en un archivo directo por falta de autor conocido de la infracción penal». Así, de todas ellas, sólo 1.333 lograron llegar a juicio.
Nulo sentido cívico
De este modo, se repiten las cifras de 2006, y también el delito estrella: el hurto acaparó casi la mitad de todas las denuncias, 7.414. Y los robos con fuerza e intimidación le siguen de cerca, al sumar casi 2.500 casos. Denuncias por daños y apropiaciones indebidas les siguen en el ranking. Aunque si se estableciese por la gravedad de los casos, la palma se la lleva el brutal homicidio de Ascensión Villalba a manos de su pareja y otros dos homicidios imprudentes fruto de accidentes de tráfico.
El análisis de la Fiscalía llama la atención y muestra su «preocupación» por la «cada vez mayor concurrencia de supuestos de vandalismo urbano». No se refiere a la 'kale borroka', fenómeno sobre el que no tiene competencia, sino a los «ataques contra bienes de titularidad o uso públicos por parte de personas con escaso o nulo sentido cívico». «La rotura gratuita y vandálica» de elementos como las rampas del Casco Viejo «se ha convertido en poco menos que en un deporte de fin de semana», reconoce.
Con este panorama, la Fiscalía aboga por que «la respuesta penal a este tipo de comportamientos antisociales ha de ser, y lo está siendo, contundente». Un ejemplo de contundencia ha sido la emisión de cuatro escritos de acusación por quema de contenedores en los que el fiscal pidió penas superiores a los tres años de prisión.
Delincuente joven
Cuando se habla de este tipo de desmanes se suele pensar en menores de edad. Durante 2007, la Fiscalía inició 347 procesos contra chavales que no habían cumplido aún los 18 años, y en esos doce meses se dictaron 114 sentencias, 18 más que en 2006. Sólo diez fueron absolutorias y el resto, 104, condenaron al joven delincuente a realizar prestaciones en beneficio de la comunidad (en 51 casos), internamiento (25), libertad vigilada (16) o tareas socioeducativas (10).
En la mayoría de los casos (39), los menores contra los que actuó la Fiscalía habían cometido un hurto, aunque también es relevante el número de delitos de lesiones (26 expedientes), y los robos con fuerza en las cosas (11).









