Reconocido «poco banderero», Azkuna (PNV) ha dado una nueva muestra de su carácter para afrontar la polémica por las banderas, un ámbito en el que no se siente cómodo y del que ha salido destacando la de Bilbao por encima de todas. Su desapego no ha residido tanto en la sentencia, cuyo cumplimiento nunca ha puesto en duda, como por el fondo de la cuestión. El alcalde ya ha confesado que, si estuviera en su mano, «quitaría todas» las enseñas porque las considera más «un motivo de confrontación que de unión», un riesgo para que se reediten batallas «banderizas». No obstante, siempre ha indicado que asumiría el fallo judicial, «como no podía ser de otra manera».
El mismo respeto por la legalidad vigente le ha llevado a izar temporalmente las cuatro banderas -incluida la de la UE- durante el día grande de la Aste Nagusia, bajo la presión de la izquierda abertzale para que no ondeara la española y del PP, que le exige su colocación permanente. Desde ayer, a las dos de la madrugada, las tres enseñas flamearán todos los días, aunque la de la villa por encima de las demás. Ya lo apuntó en una entrevista con EL CORREO cuando dijo que él tenía su emblema, pero que era «personal».
Aunque Azkuna se ha mostrado partidario de expresar los sentimientos por estos símbolos en la esfera privada, «sin exteriorizar» emociones, parece claro que se ha dejado llevar por el corazón a la hora de cumplir la sentencia. La bandera de Bilbao es de nuevo cuño y mide 7 x 5 metros, lo que multiplica casi por doce las dimensiones de sus 'primas' de protocolo, que son enseñas de 2 x 1,5 metros -las mismas que se utilizan en la izada de las fiestas-.
Además, la bandera de Bilbao, la más grande con los colores de la villa que hay en la ciudad, ha sido instalada en un espacio muy simbólico. Su mástil se levanta en el jardín de la plaza Ernesto Erkoreka, quien fue alcalde de la villa al estallar la Guerra Civil y militante del partido Izquierda Republicana de Manuel Azaña, a la vera del Banco de Beteluri, una escultura de Juan de Urigüen fechada en 1743. Esta obra de piedra cuenta con un escudo tradicional de la villa, engalanado por los lobos de la casa López de Haro y la iglesia de San Antón. Representa el asiento desde el que juraba su cargo el alcalde de cuatro pedanías -Buia, Orcecauco, Seberetxe y Beteluri-, autoridad que administraba justicia y velaba por el cumplimiento de las ordenanzas.








