
El caso del 'Saulo' es un misterio, a falta de que sus protagonistas den su versión. José compró el velero en Torrevieja y contrató a un primer capitán para navegar hasta Gran Canaria. Hicieron una parada en Zahara de los Atunes el 3 de marzo. «El barco encalló en una playa de arena y mi padre despidió al capitán». Después contrató a Cristo Herrera. Diez días después, el 13 de marzo, eran vistos por última vez en Barbate, donde hicieron una parada para repostar y poner rumbo al archipiélago.
Tras cuatro días sin saber nada, el hijo del propietario denunció su desaparición. Salvamento Marítimo y la Guardia Civil iniciaron la búsqueda. Según el instituto armado, «en el inventario del yate no figuraba la radio baliza».«Podría haberles fallado el sistema de telecomunicaciones, por eso Salvamento no pudo contactar con ellos por Onda Marina», apuntó el hijo.
La familia llegó a sopesar, incluso, que estuviesen secuestrados en Marruecos, después de que un hombre con acento árabe contestase a una de las llamadas al móvil de Quevedo. El comunicante aseguró que se encontraba en El Jadida, a cien kilómetros de Casablanca. A las dos de la tarde de ayer, la familia recibía una llamada de la Guardia Civil. No daban crédito, pero los dos estaban vivos. Los cientos de alertas lanzadas por Salvamento en los últimos días a las embarcaciones que se encontraban entre Canarias y Cádiz no dieron resultado hasta que un barco con bandera chipriota, el 'Pontovremon', localizaba a la deriva a los dos marineros a 160 millas, unos 296 kilómetros, al sur de Gran Canaria.
«Estaban exhaustos»
Para el capitán Walid, el rescate fue «dramático». La tripulación del 'Pontovremon' vio «un reflejo» en el mar; «cuando se acercaron vieron que era un velero de unos diez metros de eslora». Sus ocupantes «estaban exhaustos y deshidratados» relató Walid. Llevaban ocho días sin beber agua y resistiendo con los pocos víveres que les quedaban, pero aparentemente se encontraban en buen estado de salud. «Es, al menos, lo que nos ha parecido en los escasos minutos que hemos podido hablar con ellos», contaba Aníbal Carrillo, jefe de Salvamento Marítimo.
La familia esperaba ansiosa. Los náufragos llegaron a Gran Canaria a las siete de la tarde de ayer. No lo hicieron en el velero, sino en un helicóptero que les evacuó al hospital Doctor Negrín. Descendieron por su propio pie y sonrientes. El parte médico facilitado poco después destacaba «el buen estado general» de los dos tripulantes, que, no obstante, quedaron ingresados en observación aunque se preveía «una evolución favorable».
«Todo es muy extraño, no sabemos qué ha podido pasar». Vanesa, otra de las hijas de Quevedo, mantenía ayer la posibilidad de que hubiesen sufrido un abordaje. «Pensamos que han podido ser atracados y que los han tenido retenidos. Pero ahora lo único que nos importa es que están bien», apuntaba.
A última hora de la tarde, el presidente canario, Paulino Rivero, apuntó hacia una posible avería en el motor como causa de la odisea. Rivero señaló que los tripulantes le explicaron en el hospital que «al poco tiempo de salir de Barbate, se quedaron sin batería», y que, según el mismo testimonio, «pidieron auxilio hasta a treinta barcos que pasaron a doscientos metros del suyo sin que ninguno parara».







