
Su primer destino fue Bolivia y reconoce que nada sabía de Burundi antes de llegar al país. Tan sólo que había vivido una terrible y larga guerra civil con connotaciones raciales. Curiosamente, la que se conoce como 'la otra Ruanda' ha sufrido un enfrentamiento similar al padecido por el Estado colindante, aunque ha tenido menor repercusión en los medios internacionales. Los más de 250.000 muertos, tutsis y hutus civiles asesinados alternativamente por las diversas milicias, no han concitado tanto interés como las víctimas del territorio vecino. Pero Cristina no ha hallado el panorama social que esperaba.
Todo parece tranquilo junto al lago Tanganica. La dos etnias conviven en aparente armonía, sin apenas relación entre una y otra. La calma sólo es rota por disturbios en la periferia de la capital y nada parece revelar la tragedia, excepto las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas empeñadas en la reconciliación o los comentarios ocasionales en televisión. «Los anuncios de minas antipersona que explotan en el campo sólo merecen una breve nota».
Tragedia 'olvidada'
La cooperante se siente asombrada por la incapacidad de la población para hablar de su experiencia. Formalmente, la guerra acabó con los acuerdos de paz de 2006, aunque todavía siguen registrándose escaramuzas y las medidas de seguridad deben ser respetadas escrupulosamente. «Contamos con barrotes y guardias de seguridad en la oficina y la residencia, pero no hemos encontrado animadversión hacia el blanco».
Según explica, la mayoría de los habitantes ha perdido algún familiar próximo, un padre, un hermano, un hijo. También se produjeron éxodos masivos y aún hoy no ha finalizado el retorno de los desplazados, pero los afectados no hablan de lo que ocurrió, nadie menciona las expulsiones, las luchas y las masacres. «La gente se ha acostumbrado a vivir con miedo, se ha resignado. Parece que lo quieren esconder, tal vez para convencerse de que no ha sucedido».
En cualquier caso, la realidad es tozuda y demuestra que la violencia permanece. El 80% de las mujeres que regresan de los campos de desplazados han sido violadas, la mayoría se halla fuertemente traumatizada y es portadora del sida. «La violencia sexista es abrumadora».
Burundi cuenta con 800.000 huérfanos, aunque se desconoce el número generado por las matanzas y el provocado por la mortalidad derivada del sida. La guerra ha dificultado el sistema de vigilancia epidemiológica y, si no se toman medidas a corto plazo, los efectos de la enfemrdad pueden ser devastadores. «Sobre todo, en un contexto en el que no existe respeto hacia la mujer, predomina la miseria extrema y más de la mitad de la población es analfabeta».
El país, sin acceso al mar, es el noveno más pobre del planeta. La reciente crisis keniana ha provocado un gran desabastecimiento y la subida de precios de los productos básicos en países limítrofes como Burundi. «Hablamos de países frágiles, volátiles, que demandan el apoyo de la comunidad internacional para salir adelante».







