
Los equipos de Cirugía Cardiovascular y Hemodinámica del centro se embarcarán el miércoles en una operación que hace una década sonaría a ciencia ficción: se trata de introducir en el corazón una válvula del diámetro de una moneda de dos euros sin abrir el pecho ni el corazón. Esta obra de ingeniería médica es posible gracias a la colocación de una válvula aórtica artificial en un catéter que se lleva hasta el corazón a través de la arteria femoral o apical, para lo que sólo es necesaria una pequeña incisión en la ingle o el pecho.
Hasta ahora, el implante de una válvula requería de una operación a corazón abierto, en la que había que abrir el tórax, utilizar circulación extracorpórea, implantar la válvula, reanimar el corazón y cerrar el pecho del paciente. «El riesgo de mortalidad se reducirá a la mitad, por lo que el salto es importante», destaca Larman.
Hace dos semanas, los doctores Larman y Juan José Goiti, jefe de Cirugía Cardiovascular de Policlínica, llevaron a cabo la primera intervención por vía femoral realizada en Euskadi, pero la gran novedad llegará este miércoles, con la primera operación transcatéter a través del pecho (transapical), pionera en España. «Esta técnica es la única posibilidad de supervivencia para los pacientes que no pueden ser operados a corazón abierto y que además tienen la femoral muy pequeña, curvada o calcificada, por lo que el catéter no pasa por ella».
El implante de válvula artificial es necesario ante una patología denominada estenosis aórtica, que consiste en el estrechamiento u obstrucción de la válvula aórtica del corazón y que puede ser mortal si no se opera. Esta enfermedad degenerativa, provocada por el desgaste de las válvulas, suele darse en pacientes de edad avanzada, sobre todo en mayores de 80 años.
Casos muy concretos
El doctor Mariano Larman explica que se trata de una técnica nueva que no puede utilizarse con todos los pacientes. «Hoy en día sólo es posible en casos muy concretos. Sería un problema que las personas que lean esta información crean que todas las patologías cardiacas pueden operarse con una mínima incisión. El 96% de la gente preferiría una técnica mínimamente invasiva antes que afrontar una operación a corazón abierto, pero lo determinante es el factor de riesgo. Una persona mayor con un 80% de riesgo de muerte en cirugía convencional reducirá ese porcentaje al 40%, pero sólo alguien que esté por encima del 20% de riesgo puede ser intervenido con la técnica transcatéter».
Como todo método pionero, la nueva técnica resulta muy cara. Sólo la válvula que debe implantarse supera los 20.000 euros, aunque el gasto no corre a cargo del paciente. Policlínica es un centro privado, pero tiene un concierto con Osakidetza en virtud del cual las patologías coronarias se tratan en esta clínica. El concierto aún no contempla este tipo de intervenciones, pero hasta que se produzca un acuerdo, es la propia Policlínica la que abona el coste.
¿Cómo ha alcanzado el centro donostiarra un papel protagonista en nuevas técnicas quirúrgicas? «Las grandes multinacionales médicas que investigan nuevos métodos eligen a los centros que mejor pueden aplicarlos. En este caso, la casa Edwards ha invertido mucho dinero y quiere que la implantación de la técnica se haga de forma segura y controlada, por lo que ellos deciden en qué centros debe implantarse. Nos han elegido porque valoran mucho la buena coordinación entre Hemodinámica y Cirugía, algo que no siempre se da en otros centros, donde existe rivalidad entre ambos departamentos. Aquí trabajamos en equipo, lo que es básico en este tipo de operaciones», explica el doctor Larman.
El cardiólogo reconoce que «profesionalmente, saber que estás haciendo algo nuevo que nunca se ha hecho es un reto que ilusiona, pero lo más gratificante es acabar una operación tan complicada y ver que, a la media hora, el paciente ya está desentubado y hablando. Es impresionante».







