
DATOS DE INTERÉS
Todos los porqués miran a territorio guipuzcoano. Diferentes problemas constructivos acontecidos en los últimos meses han motivado un retraso oficial de un año, es decir, finales de 2008. El obstáculo de mayor complejidad se encuentra en Arlabán, en el túnel que separa los dos territorios y que se convertirá, con sus 3,3 kilómetros, en la galería de mayor longitud de la red viaria vasca. Aquí, el plan de trabajo ha tenido que ser modificado sobre la marcha tras la aparición de una quincena de vetas «anómalas» de terreno que obligarán a reforzar el revestimiento del túnel.
Estas anhidritas -material que tiende a aumentar su volumen hasta un 60% por el agua- fueron localizadas de forma discontinua en las dos bocas de la galería en un tramo de 900 metros. Como anunciaron en octubre los responsables de Bidegi, la empresa foral guipucoana que gestiona las obras, este traspié obligó a retrasar la ejecución de la obra hasta el próximo 30 de septiembre. Todo ello, eso sí, sin contar con la instalación del equipamiento interior del túnel, un cometido que se prolongará durante meses, aunque se intentará solapar con las obras.
Por si no fuera poco, el pasado 5 de diciembre se produjo el derrumbe de un gran muro de contención en el túnel de Zarimutz, una galería ya horadada de medio kilómetro situada en Eskoriatza. Ahora, Bidegi estudia cómo solucionar un problema que «no interferirá en el plazo marcado». Pese a todo, fueron significativas las palabras del director de la sociedad foral, Borja Jauregi, quien aseguró que si no existiesen «tantas urgencias en los plazos, quizá no ocurriría esto».
En la actualidad, más de medio millar de trabajadores se afanan en la puesta a punto de la Vitoria-Eibar a su paso por Guipúzcoa. En concreto, sólo quedan por abrir dos tramos, el Mondragón-Eskoriatza, de 6,3 kilómetros, y el Eskoriatza-Arlabán, de 11. El presupuesto de ambos gira en torno a 300 millones, el doble del coste de los 14 kilómetros que recorren suelo alavés.
No obstante, desde que Guipúzcoa comenzó la construcción de la AP-1 en 1999, han sido tres los tramos inaugurados: Eibar-Bergara Norte, en diciembre de 2003, Bergara Norte-Bergara Sur, en julio de 2004, y Bergara Sur-Mondragón, un año después. La construcción de estos 15 kilómetros supuso un desembolso cercano a 290 millones.
Periodo de pruebas
¿Y qué ocurre en Álava? La Diputación espera con cautela cómo se desarrollan los acontecimientos en el territorio vecino. Y es que los dos tramos que discurren por suelo alavés, el Echávarri Viña-Luko, de 6,2 kilómetros, y el Luko-Arlabán, de 8, ya están terminados. El ritmo de los trabajos ha ido en consonancia con el plazo inicial marcado por las dos diputaciones -apertura en enero de 2008-, de modo que en diciembre decidieron levantar el pie al ver la relevancia del retraso.
Pese a confiar en sus homólogos de Bidegi y que en las obras, como siguen manteniendo, se finalizarán este año, el Ejecutivo alavés trabaja en la hipótesis de que la AP-1 no se abrirá en su totalidad hasta dentro de un año, es decir, en la próximo primavera. ¿El motivo? Que además de las obras, la infraestructura debe pasar luego un periodo de pruebas bastante complejo.
Mientras, el propósito del Departamento que dirige Luis Zarrabeitia es abrir de forma provincial la autopista en Álava con la puesta en servicio del tramo Echávarri Viña-Luko. Como adelantó este periódico, lo hará en mayo -aún se desconoce la fecha exacta- y sin cobrar peaje a los usuarios.
Más que por el servicio que puede llegar a dar, la decisión de esta apertura se centra en aspectos técnicos. Al parecer, la no utilización de este tipo de infraestructuras puede ocasionar problemas en el asfalto. La previsión sobre el número de personas que utilizarán este tramo de la AP-1 es difuso. En situaciones normales, y según las estimaciones oficiales, transitarían a diario en torno a 7.000 vehículos, tanto de ida como de vuelta, mientras que 17.000 lo harían entre Luko y Arlabán.









