
EL CAMPEONATO
El veterano, nacido en Urretxu en 1971 pero afincado en Vitoria desde su juventud, suma ya nueve txapelas en los torneos celebrados en Álava desde 1990. Otamendi, que se impuso al joven profesor de Aramaio, Manex Aguirre, -éste quedó por primera vez subcampeón-, no pudo ocultar su alegría. «Me siento como si hubiera ganado por primera vez, y se lo debo a todos los que me han apoyado desde los inicios», aseguró emocionado.
Entre las ovaciones de los cientos de espectadores que acudieron a la final, Asier Otamendi, Manex Agirre, Oihane Perea, Zigor Enbeita, Iñaki Viñaspre y Andere Arriolabengoa planearon desde el principio sus estrategias como si el concurso se tratase de un tablero de ajedrez. «Hay que sentir y gozar. Vamos a sacudir Álava con bertsos, porque son el referente de la fiesta, el torbellino de nuestra cultura», resumió Rakel Anitua en la introducción del acto.
Tras esta calurosa presentación, el cañoneo de poesía en euskera no tardó en comenzar, con Pablo Pagegi como encargado de concretar los temas. El primer disparó llegó de la mano de Oihane Perea en clave de zortziko mayor, que se autodefinió como «la reina de esta partida». Andere Arriolabengoa, que disputaba por primera vez la final, confesó sentirse «novata conduciendo un coche en la autopista, un dos caballos enmascarado en un 'Porsche'».
A golpe de calificativos irónicos y ocurrentes símiles, Perea y Arriolabengoa intercambiaron rimas acerca de una madre que pierde a su hija en el bosque, donde el sentimiento y la sutileza dieron un toque de emotividad a la sesión. Enbeita y Otamendi pusieron a prueba sus habilidades como dos trabajadores de una empresa, el primero a punto de jubilarse y el otro recién contratado. «La juventud ha enterrado la lucha que ganamos sus antecesores», increpó éste último.
Zortziko menor
El humor dio paso al compromiso en la fase del zortziko menor, donde los participantes compusieron estrofas sobre la emancipación, la contaminación y la pérdida de valores. «Llevo treinta años rezando en casa para que me toque una VPO», apuntó Otamendi. El bombardeo de ideas y reproches se volvió aún más intenso cuando Perea y Enbeita recitaron polémicas estrofas en torno a la juventud de hoy en día y la iglesia. Asimismo, hubo espacio para la melancolía y el romanticismo con rimas sobre el cáncer o antiguas cartas de amor escritas décadas atrás.
Sin embargo, fue la problemática de la inmigración la clave que condujo a Asier Otamendi a hacerse con la txapela. «Sueño con rehacer mis sueños cuando regrese a mi África natal», resumió el de Urretxu con un cierto tono esperanzador.







