
LOS DATOS
Es el mal endémico del Alavés, acentuado si cabe tras la llegada del nuevo entrenador, que apuesta por dar solidez a la zaga como línea maestra de su libro de estilo. Josu Uribe dejó el Alavés con una media de 1,04 goles por partido. Salmerón, de momento, se queda en un pobre 0,33. Para ajustar más la comparación, siempre odiosa, en el mismo período de la primera vuelta el conjunto albiazul marcó seis tantos.
Pero la situación no es exclusiva del último mes y medio. Un juego espeso se traduce en pocas ocasiones. Y la 'aganzodependencia' ha sido notable durante toda la temporada y la sequía del ariete madrileño, que encadena seis jornadas sin marcar -sólo ha metido uno en jugada en la segunda vuelta, puesto que el siguiente fue de penalti ante el Granada 74-, hace un daño tremendo a los alavesistas.
Así, el Alavés se ha quedado sin ver puerta en quince de los 32 partidos disputados. Casi la mitad. Preocupante. Sólo Albacete (13), Xerez (12) y Cádiz (12) se le acercan en esta peculiar clasificación y dos de esos equipos ocupan plaza de descenso. Y es que el conjunto babazorro es el tercer peor realizador de Segunda División, con 29 tantos en 32 jornadas. Sólo supera las cifras de Albacete (22) y Polideportivo Ejido (26), ambos con un partido menos.
Se atasca en casa
Se atasca más en casa, donde sólo ha marcado quince tantos en 16 partidos. Es el segundo peor, unicamente por delante del Albacete (13). Los catorce conseguidos a domicilio le sitúan en décima posición en la tabla de goles visitantes. Al Alavés le cuesta llevar la iniciativa y cualquier defensa mínimamente ordenada se le atraganta. No desequilibra ni crea opciones en ventaja.
La mejor racha goleadora coincidió en el tiempo con el buen estado de forma conjunto que exhibieron Aganzo, Toni Moral y Sergio Rodríguez antes del parón navideño, cuando intervenían en la práctica totalidad de los goles albiazules. El bajón del catalán ha resultado clave en el atasco ofensivo que sufre el equipo.
Ayer le volvió a pasar. Condicionado por la expulsión de Raúl Sánchez a la media hora de partido, se mostró otra vez excesivamente romo y sólo al final, en un arranque de casta con más corazón que cabeza, llevó cierto peligro a la portería defendida por Cuéllar. El balón parado se antoja ahora una de las pocas armas alavesistas para generar incertidumbre en el área rival.





