
Abadía sólo introdujo un único cambio respecto al choque ante el Sestao, ya que el alicantino José entró en el once por Machote. El Logroñés, lejos de llegar a encerrarse y esperar algún contragolpe, mostró osadía y supo contrarrestar el posible ímpetu inicial de los locales.
De hecho, gracias al dominio del balón, impidió maniobrar a un Lemona que apenas podía pasar del centro del campo ante la buena disposición táctica de un ordenado equipo riojano. Sin embargo, esa superioridad sobre el césped carecía de mayores consecuencias en cuanto la pelota llegaba a las cercanías de José Carlos, puesto que a los blanquirrojos -ayer de blanco- les faltaba concretar sus pases y completar sus remates.
El Logroñés, con la defensa de cuatro bastante adelantada, se ahorraba así mucho peligro en defensa y sólo a balón parado podía sufrir. Incluso durante el primer cuarto de hora los visitantes vivieron plácidamente. A partir del minuto 20, el panorama cambió y los vizcaínos, a base de envíos en largo, realizaron algunas acometidas peligrosas. Un mal despeje de Raúl García estuvo a punto de anotar en su propia puerta en la primera oportunidad local.
Esta acción empezaba a crear cierta inquietud a los de Abadía, que retrocedieron unos metros su línea de presión. Las llegadas del Lemona eran ciertamente asiduas y un cabezazo de Pereda, en jugada de estrategia, al que respondió con solvencia Stef, a punto estuvo de romper un monótono y lento primer período, más propio de los primeros encuentros de temporada bajo un sol de justicia.
Sin dominador claro
Poco antes del descanso, los riojanos volvieron a recuperar el balón, por lo que pudo mantener el empate a cero al final de la primera mitad sin apuros. En el arranque de la reanudación, el encuentro se atascaba en el centro del campo, donde había demasiados jugadores en esa zona. La pelea era constante y apenas había tres pases seguidos, puesto que el balón deambulaba de una parte del campo a otro sin ningún control ni precisión. Un juego que favorecía a los intereses de los rojinegros, más atentos a las segundas jugadas.
Dentro de ese insulso juego, el Lemona encontró petróleo gracias a la astucia de Erostarbe. El interior izquierdo, el más destacado de todos los presentes, rompió el fuera de juego y asistió para que Alain Arroyo sólo tuviera que empujar al fondo de la red. El Logroñés acusó el golpe y, a partir de entonces, se mostró prácticamente noqueado. Sólo la poca puntería local hizo que el segundo tanto se demorara unos minutos más. Entre Raúl García y Stef, en apenas un minuto, lograron evitar otras dos claras ocasiones: la primera de Gusi, y la siguiente de Erostarbe.
Ahora sí que había un claro dominador, el Lemona, que hacía y deshacía a su antojo. Obtuvo el premio en una acción en la que el portero rumano estaba algo adelantado. De esta manera, Gusi, tras un envío largo, remataba de cabeza para anotar un 2-0 que resultó definitivo para el partido. La renta pudo ampliarse, pero Stef supo rehacerse para salvar un mano a mano con un delantero local. Hubiera sido un mayor castigo a un conjunto riojano que pagó caro su escaso peligro en ataque cuando tuvo el dominio de la pelota.





