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Argentina se rebela contra los Kirchner
La huelga agrícola ha evidenciado la fragilidad del Gobierno de Cristina Fernández pese a la ayuda de su marido
06.04.08 -

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Argentina se rebela contra los Kirchner
ALIVIO. Un hombre sirve chuletas en un asador tras la huelga. / EFE
La disputa entre el Gobierno argentino y los agricultores -que derivó en una feroz huelga de 21 días en casi toda la zona rural con apoyo en las ciudades- dejó al desnudo las debilidades del Ejecutivo que preside Cristina Fernández de Kirchner desde hacía poco más de cien días. Y al mismo tiempo demostró que sigue intacta la capacidad de reacción de la sociedad para hacer oír sus reclamaciones, como sucedió durante la crisis de 2001.

Para Cristina Fernández ya nada será igual. Más temprano que tarde, su Gobierno debe tomar nota de que la extraordinaria recuperación económica que consiguió su esposo el ex presidente Néstor Kirchner (2003-07) ya no alcanza para mantenerla blindada frente a la crítica social por los errores de gestión que se arrastra.

La población rural puso contra las cuerdas un estilo de gobierno en el que las decisiones se concentran en unos pocos, entre ellos el ex presidente, que conserva toda su influencia desde la sombra. Ese sistema de poder cerrado, tolerado en la etapa de poscrisis, comenzó a hacer agua muy rápido con Fernández al timón.

Por medio de unos cuatrocientos cortes de carreteras en catorce provincias, los agricultores dejaron patente que pueden desabastecer a las ciudades de alimentos en cuestión de semanas. Habitualmente calmada, la gente de campo se cansó de la política agropecuaria errática e imprevisible de los Kirchner. Fernández, lejos de distinguirse se reivindica como continuadora de la administración de su marido y heredó una economía saneada, pero también un gran desgaste.

¿Cómo es posible si no que un Gobierno nuevo, que sigue a otro que consiguió un crecimiento económico del 8% anual de promedio en el último lustro, que logró bajar drásticamente el paro y la pobreza, que renegoció la deuda externa y que opera con un alto nivel de superávit fiscal y reservas internacionales, se asome tan velozmente al abismo por un conflicto sectorial?

Intento desestabilizador

La presidenta asegura que detrás de las protestas hay intentos por desestabilizarla pero los analistas no coinciden con su diagnóstico. Creen más bien que 'los Kirchner', como identifican los argentinos ya a este poder bicéfalo, «no han construido bases sólidas de sustentación. Tienen apoyo en las clases bajas pero el estrato medio urbano -y ahora también el rural-, les mira con desconfianza».

La crisis se desató el 11 de marzo cuando el Gobierno aumentó del 35% al 40% el impuesto a las exportaciones de soja, principal cultivo de venta exterior que ocupa la mitad de la superficie sembrada argentina. La creciente demanda asiática incrementó fuertemente los precios de la oleaginosa en el mercado mundial y Fernández quiso capturar una porción de esa renta extraordinaria argumentando razones distributivas. Lo mismo hizo con el girasol, cuyo gravamen aumentó del 39% al 41%.

Las asociaciones agrarias expresaron su enojo ante la codicia estatal, que no reparó, en principio, en tamaños de unidades productivas. Pero las bases superaron a los dirigentes y en horas, los productores se lanzaron a las carreteras a interrumpir el paso de camiones cargados de grano y alimentos, cansados de las sorpresas gubernamentales.

Dos semanas después de iniciada la huelga y ante la intransigencia presidencial, el campo obtuvo el apoyo espontáneo de las ciudades, que volvieron a hacer sonar sus cacerolas como sucedió durante la crisis de 2001, cuando cayó el Gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2003). En Buenos Aires pocos sabían de los problemas de los agricultores, pero se decían «hartos de la prepotencia de los Kirchner». Una mujer de unos 60 años, en lugar de cacerola, golpeaba un cubo para enfriar champán. Fue un acto solidario de sectores de la clase media urbana con su homóloga del campo.

Los piquetes causaron enormes pérdidas en el comercio, la industria, el transporte y al propio campo. La medida de fuerza cedió el pasado miércoles después de cuatro discursos de Fernández y cuando el desabastecimiento y la consecuente subida de precios amenazaban con terminar en revuelta. Pero el conflicto sigue. Los productores, fortalecidos, concedieron una tregua de treinta días para discutir una agenda con el Gobierno. Ahora es el turno de Fernández, que ya se ha despedido de su breve luna de miel.
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