
Rajoy preparó personalmente su trascendental discurso ante la Junta Directiva Nacional del pasado lunes y dejó que fluyera su estado de ánimo en una intervención que alarmó a muchos por su falta de potencia. El presidente del PP les dijo que no se siente responsable del fracaso electoral, que hay que trabajar más y que a partir de ahora conformará su propio equipo. Los presentes entendieron: si él no tiene la culpa de la derrota es que la tenemos nosotros; si ahora hay que trabajar, es que hemos estado sesteando; y si se propone hacer 'su' equipo, es que sobramos.
Los más maliciosos ya habían empezado a revolverse en sus asientos cuando Rajoy les dijo que se quedaba al frente del partido, pero les abroncó por los malos tragos que le habían hecho pasar. Las alusiones a 'la tropa' abundaban esta tesis. El malestar se incrementó al comprobar que Rajoy situaba al frente de los diputados a su joven asesora, Soraya Sáenz de Santamaría. El enfado aumentó aún más cuando ignoró a sus fichajes más recientes, Manuel Pizarro y Juan Costa, además de dejar fuera del primer reparto de cargos a las organizaciones más votadas -Madrid, Murcia, Comunidad Valenciana, La Rioja-.
Integrantes de la 'vieja guardia' se despachan estos días con análisis inquietantes. Coinciden en que el líder del PP no se siente perdedor de los comicios y por eso se ha lanzado a un proyecto personalista. Creen que se equivoca al pensar que acertó en la pasada legislatura.







